domingo, 19 de julio de 2015

La OEA, Haití y nosotros

Que el uruguayo Luis Almagro, excanciller de su país Uruguay, y actual secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), haya dicho o no que una isla pequeña no puede albergar dos naciones, no debe preocupar a los dominicanos.
Eso sólo evidencia, con carateres dramáticos, la ignorancia del alto funcionario latinoamericanao sobre la historia dominicana.
Aunque debe exigírsele, como persona de nivel cultural no común, tener una idea aproximada de los temas que vaya a discutir en público.
Sería una buena prevención para evitar cometer fiascos como el que analizamos hoy. Ese señor ignora, de arriba abajo, lo que significó la independencia de Haití. La lucha de los descamisados esclavos contra el impostor esclavista francés, en donde una mula de carga valía más que un ser humano.
Los esclavos haitianos conquistaron con su vehemente lucha y su sangre la libertad nada más y nada menos, que ante el poderoso ejército de Napoleón.
Todo hombre liberal en el mundo fue solidario de ese tesonero esfuerzo de la esclavitud, pero una cosa es el Haití que se libera de Francia y otra muy distinta es querer esclavizar a las personas que vivían en la parte oriental de la isla y que eventualmente terminaron siendo la República Dominicana.
Almagro ha debido tener conocimiento previo, antes de su malhadada declaración, de cuánto ha significado la lucha de los dominicanos por su independencia. Debió tener presente con un “ayuda-memoria”, que si somos dos naciones distintas en un espacio de 72 mil kilómetros cuadrados, es porque una cosa es la herencia francesa, en el caso haitiano y otra diametralmente distinta fue la herencia hispánica.
Debió haber entendido que la cultura del idioma, la religión y los hábitos alimenticios son factores determinantes en la definición de una nacionalidad y hasta de una regionalidad.
Los haitianos, por ejemplo, comen sus alimentos muy picantes y los dominicanos se alimentan con menos pigmentos.
Somos seres humanos parecidos, pero la esclavitud no generó en la parte española del a isla, las tensiones que se vivieron en la colonia francesa de Saint Domingue.
Si alguien no le puso al día al señor Almagro sobre el tema, entonces sólo debemos sentir una gran pena por la ignorancia del Secretario General de la OEA.
Nadie en estos contornos le pediría al señor Almagro que su país, Uruguay, debe volver a su condición de provincia de Argentina del Este. Sería ignorar la lucha de tantos héroes nacionales de su país. Y, sin proponérselo, reconocemos esa licencia, el señor Almagro ha tocado la fibra más sensible del alma dominicana.
Ahora debe excusarse y embarcarse con sonora imparcialidad a mediar, si es que puede, para limar las asperezas entre las diferencias de haitianos y dominicanos. Así cumpliría mejor su deber como Secretario General de la OEA. Y, desde luego, apoyar los reclamos de Haití de las islas de Vaches y La Navasse que se disputa con Estados Unidos. Lo esperamos.
Cuba y Estados Unidos… ¡por fin!
Finalmente los cubanos lucharon, sufrieron todo tipo de limitaciones económicas, pero ahora acaban de lograr el más sonoro de los reconomientos: La apertura de la embajada de ese país en Washington y de EU en la Habana.
Como ha dicho Barack Obama: “Una política que no ha dado resultados en más de 50 años es necesario corregirla”.
Cuando George Bush padre, siendo presidente, estimaba que la caída del socialismo soviético acabaría a Cuba, nunca pensó que los isleños resistirían como resultado de su política de “período especial” de limitaciones económicas.
Nunca pensó Bush padre que Cuba tendría un resultado como el actual. Ofreciendo pasaportes y permisos ilimitados de salidas de sus ciudadadanos adonde quieran ir, y abriendo mañana una embajada en Washington y la de su país en La Habana.
Pese a los remilgos de la cobacha derechista cubana de Miami y los republicanos de la Cámara de Representantes, el hecho inexcusable es que se han normalizado las relaciones entre los dos países
Parece que a Fidel Castro no le quedará de otra que reconocer las convicciones liberales de Obama, y comenzar a pensar en Guantánamo, que ya ni como cárcel sirve.
De veras el mundo está cambiando… hasta Puerto Rico cambia ahora.
Por Silvio Herasme Peña ;-