miércoles, 10 de junio de 2015

La compra y venta de votos

EL CUENTISTA.- Para que un cuento sea creíble tiene que creérselo el que lo cuenta, y parece que no todos los diputados se creen el cuento de la compra y venta de votos en la cámara baja para aprobar la ley de convocatoria, o en la Asamblea Revisora para consignar la reelección en la Carta Magna. Para que el universo sea mayor, o total, tendrá que hacerse el cuento de nuevo. Y cuidar los detalles. Por ejemplo, ¿cuál es el rasero que determina el precio? Lo del precio no es nada raro, ni imposible, pues tiene hasta una canción. Un Víctor Manuel de pelo largo hizo corearla en la década del 70 del siglo pasado. De entonces acá más de cuarenta años. La respuesta es importante, y ya no por el precio, sino porqué unos se valoran o son valorados más que otros. Un diputado dice que fue tentado con 15 millones de pesos, pero antes se había hablado de 10 millones de pesos, y el bono adicional de una yipeta que en el mercado costaría otra millonada.
El dinero no es problema, por lo visto, pero sí llama y debe llamar la atención ese discernimiento: que uno valga 15 millones, y el resto 10 millones...
LAS VARIACIONES.- El cuento deben hacerlo de nuevo, pues si es el mismo cuento no deben cambiar los personajes ni la locación. Se habló primeramente de funcionarios que invitaban a su despacho, y entonces no se dieron montos, pero sí nombres. Ahora se trata de un contratista al que el gobierno le debe los millones de chanflán y en la cafetería de un supermercado. ¿Un negocio de 15 millones de pesos conversado en la cafetería de un supermercado? Uno suponía que ese tipo de transacción se llevaría a cabo en un restaurante con innumerables estrellas Michelin. Bueno, como que no cuadra. Pero tampoco que a un contratista identificado con el gobierno, y dispuesto a costear la reelección, le deban 1800 millones de pesos. Si a ese contratista le deben esa suma y no le pagan, ¿cuál es el beneficio de ser militante de la causa? La canción de Víctor Manuel de que Todos tenemos un Precio, suena bien, y podría cantarse ahora como hace cuarenta años, hasta quedar ronco, pero el cuento cojea, y el talento en un cuento corto se demuestra en la intensidad...
LA JURISDICCION.- El cuento de la compra de votos para aprobar la ley de convocatoria y la reelección, se hizo en la Cámara de Diputados. Incluso en sesiones que debieron considerarse memorables. El asunto, por tanto, compete a los diputados y deben ser ellos  los más interesados en aclarar la denuncia o defenderse de la imputación. El presidente Abel Martínez habló de una Comisión de Ética, y que a ella debían acudir los denunciantes o que serían convocados. Sin embargo, los querellantes se resisten, y nadie entiende razón. Se trataría de una instancia de la propia Cámara de Diputados,  cosa de ellos y entre ellos, y si no objetan las demás comisiones, ¿por qué la sugerida o mencionada? El cuento es el cuento, y si no le cambian nada, será igual ante la comisión que ante la Procuraduría. ¿Por qué los diputados no son en este caso celosos de su jurisdicción? En otras ocasiones, cuando se le pidió suspender o retirar la inmunidad de un colega, se negaron y reivindicaron su fuero...
EL POLÍGRAFO.-  ¿Por qué resulta más confiable ahora la Procuraduría que una comisión de la propia Cámara de Diputados? Así dejaría de ser cuento y se convertiría en política, y en ese escenario, las implicaciones serían tantas como la verdolaga. Se adelanta que al Procurador se llevarían testimonios, esto es, chismecitos de patios, o de pasillos o de cafeterías, cuando de seguro el alto funcionario, si cayera en ese gancho, demandaría pruebas. Ahí el problema no sería de diputados o de sobornos, sino de justicia denegada. ¿Aprobaron los diputados las cruzadas de Francisco Domínguez Brito contra la corrupción? Claro que no. Si no confiaron antes ¿por qué ahora? Hablan de someterse a un polígrafo, como si ese instrumento hiciera una comprobación exacta de la verdad. Los que piensan así, debieran leerse el artículo del psiquiatra Carlos de los Ángeles, publicado en la edición de ayer del periódico Hoy, en que cuestiona la efectividad del llamado Detector de Mentira. Si al cuento le faltan detalles, a esta jugada, puntuación..
Por Orlando Gil ;-