jueves, 28 de mayo de 2015

Leonel no habló al PLD ni al país... más bien, a la historia

EN EL SUELO.-  Reinaldo Pared quiere arreglar la carga en el camino cuando ésta ya se encuentra en el suelo. Niega que la votación del pasado martes en el Senado fuera una respuesta al discurso de Leonel Fernández del lunes en la noche. Si no lo fue, nada más parecido. Y puede decirse más. Si la aprobación en segunda lectura del proyecto de convocatoria supera la  primera, ni siquiera podrá hablarse de respuesta, sino de rechazo a su amotinamiento contra el Comité Político. De ser así, la alocución perderá importancia y quedará como desahogo, incluso, más personal que político. Fernández logró un gran auditorio, pues  todos los sectores nacionales estuvieron atentos a su comparecencia y siguieron con interés sus palabras. Cuentan que el poeta francés Arthur Rimbaud pronunció una charla ante una audiencia de sillas vacías, y ante la extrañeza de la gente, dijo que habló al futuro. No fue el caso de Fernández, pero viendo el resultado, no puede decirse que hablara al PLD, ni a la nación. Más bien a la historia, que es como decir al futuro, pues su alegato se convirtió en menos de un día en pieza de museo...
EL INMEDIATO.- La historia se ocupará algún día del discurso de Leonel Fernández del pasado lunes, pues alguna vez habrá que acudir a los archivos de papeles viejos para conocer, analizar y ponderar los hechos políticos de este tiempo. En lo inmediato, sin embargo, el tiro salió por la culata. El Leonel Fernández que perdió en el Comité Político, y que se sabe no tiene  mayoría en el Comité Central, ahora se le llena de agua la trinchera del Senado de la República y se teme el ahogamiento de sus parciales. Siempre queda la posibilidad, cercana o remota, de que uno que otro resista hasta el final.  Los que siguen peleando sin enterarse de que la guerra terminó, como sucedió con muchos soldados japoneses después de la segunda guerra mundial, o los norteamericanos perdidos en las selvas de Viet Nam, y que no supieron hasta mucho tiempo después que el conflicto había terminado. De aquellos 27 senadores que una vez fueron al Palacio Nacional con un “ordene y mande”, solo quedan 14. y hasta podrían ser menos...
EL ÁNIMO.- Si el Comité Político reasume, como se hace obvio, y el secretario general sigue llevando la rienda como hasta ahora en todo lo que tiene que ver con la convocatoria y posiblemente con la reforma de la Constitución, ¿dónde quedará el presidente del partido? ¿Cómo después de su alocución del pasado lunes, en abierto desafío a las  directrices del organismo, Leonel Fernández logrará recogerse y verse la cara con sus compañeros, como si nada hubiera pasado? Por ejemplo, sentarse al lado de Danilo Medina después de haberlo considerado el Trujillo del siglo XXI, o con los demás “cuervos” del CP, a los cuales consideró, utilizando a José Martí de mampara, como hombres sin decoro. Siempre llamé la atención sobre un hecho más que evidente: Fernández y Medina se colocaban uno al lado del otro, en las reuniones del Comité Político, y que se les veía sonrientes, hablando bajito y entre sí. Difícilmente esa suerte de entendimiento pueda darse ahora, mucho más que desde el encuentro de Metro Country Club a Fernández se le ve el ceño fruncido...
MOLESTO.- Leonel Fernández parece no estar de buen humor, y los responsables de ese estado no pueden ser otros que Danilo Medina y los miembros del Comité Político, que desconocen su liderazgo. Fernández no considera otros oponentes políticos que no sean los reeleccionistas, y sobre todo el beneficiario principal de un nuevo mandato: Medina. ¿Quiénes lanzaron el lodo del déficit de su administración si no funcionarios del actual régimen, y por igual los sometimientos judiciales a sus más cercanos colaboradores, o las embestidas calumniosas de Quirino Paulino Castillo? Fernández pudo haber sido canonizado políticamente, como religiosamente monseñor Arnulfo Romero, si el abogado del diablo oficial no hubiera sido tan acucioso y desconsiderado. Fernández entiende que no cayó, que lo tumbaron, y a la hora de buscar culpable no se le antoja Hipólito Mejía, que le tiene verdadera inquina, y menos Guillermo Moreno, que lo persigue y se constituye un fastidio público. El veneno de adentro es tanto que se derrama...
Por Orlando Gil ;-