miércoles, 11 de marzo de 2015

Haití, el cuento de nunca acabar

Como un estudiante de relaciones internacionales que fui, entiendo que las relaciones bilaterales entre dos países que son frontera, se convierten en punto número uno de la agenda internacional de ambos lados, o en su defecto de uno de ellos.
Las relaciones diplomáticas entre dos países como el nuestro y Haití son fundamentales, porque compartimos un pequeño pedazo de tierra donde lo que sucede en uno de los dos lados, se siente en el otro.
Las relaciones diplomáticas facilitan que haya un entendimiento entre dos más o naciones, pero en este caso específico entre dos países. A través de estas se establecen puntos en común donde se puedan obtener beneficios para las dos partes, siempre y cuando estos acuerdos no laceren o violen algún derecho o ley, así como que se mantenga la integridad y respeto del uno con el otro.
Cuando hay una historia compleja entre los países, estas relaciones se tornan más difíciles y delicadas, porque las decisiones que nacen de estas pueden afectar el consiente colectivo de sus pueblos y crear conflictos como el que vivimos hoy, entre la República Dominicana y Haití.
En el caso de nosotros los dominicanos, tenemos una historia marcada con hechos de sangre por parte de los haitianos y una dictadura que duró dos décadas; por lo que nuestra relación con ese país nunca ha dejado de ser tensa; pero el que ciertamente tengamos que buscar mantener una relación bilateral estable, no significa que nos irrespeten y nos golpeen.
Haití se ha convertido para la República Dominicana en “el cuento de nunca acabar”, hemos sido benevolentes como nación, respetuosos, solidarios y hasta nos hemos despojado de nuestra ropa para vestirlos a ellos cuando lo han necesitado, quedándonos desnudos.
Pero esto la comunidad internacional, la cual se beneficia de la desgracia de ese país y su miseria; no lo ve, o tal vez, no le interesa verlo.
Porque, ahora resulta que los dominicanos debemos entender esas agresiones y estar tranquilos por el hecho de que en el vecino país no existe un gobierno real.
Por lo que nuestro gobierno debe aceptar lo que disponga la comunidad internacional, ante las agresiones que hemos tenido.
Queman nuestra bandera, la ensucian, intervienen y hacen lo que les venga en ganas con nuestro consulado y el gobierno haitiano ante esto dice que aumentara la seguridad, y que hasta la MINUSTAH participará, pero ya con “el palo da´o”;  lo que, como siempre,  el gobierno complaciente y con dientes afuera acepta con mucho agrado.
¿Pero y cuántas agresiones más tenemos que esperar, para tener un Estado que responda con el vigor y la responsabilidad que demanda esta situación?
Es que ya no podemos seguir permitiendo  que nos ultrajen y que nos irrespeten, y con esto no estoy llamando a tomar las armas ni mucho menos, pero si a  que, a través de las supuestas relaciones bilaterales posicionarnos y que se tome un discurso de  Estado responsable, donde este entienda como intolerable e inaceptable dichas agresiones a su pueblo, a su soberanía y a sus símbolos patrios.
Y tal vez esto pareciera que es pasión desbordada o un nacionalismo desmedido o quizás hasta hipócrita, pero no es así. Solamente hago un llamado a despertar, a defender lo que ha costado tanto sudor y sangre, a que entendamos que nuestro país nos necesita, que tenemos que buscar la mejor solución al conflicto,  pero manteniendo el mutuo respeto, y más que eso estableciendo puntos responsables y claros como un Estado soberano, libre e independiente, porque, “la República Dominicana debe ser libre de toda potencia e injerencia extranjera o que se hunda la isla”.
Por Daniel E. Guillén Gómez.;-
twitter e instagram: @danielguilleng