jueves, 26 de febrero de 2015

La ingratitud no reditúa...

En un artículo de reciente publicación, el periodista Nelson Encarnación recordaba el momento en que la maledicencia política –tan común en nuestro medio–, puso en las cuatro esquinas al hijo mayor del entonces presidente Hipólito Mejía atribuyéndole perversidades que dañaban su imagen y la de su padre.
Leonel Fernández –que estaba en la oposición y en medio del fragor de la campaña electoral de 2004–, defendió el honor de Ramón Hipólito Mejía Gómez, a quien definió como “un hombre serio y de trabajo”, y desautorizó a sus seguidores y simpatizantes a sumarse a semejante desatino.
En aquel momento también se intentó vincular al presidente Mejía en un conflicto de intereses empresariales con la importación de frutas y vegetales a través de una empresa familiar que llevaba años –y que lleva años– en un negocio al que, gracias a la iniciativa de sus hijos, ha encontrado excelente nicho de mercado en el país.
Leonel también se opuso a que se utilizara ese argumento como punta de lanza en el ataque político al Presidente de turno, y no vaciló ni un instante para desvincular al Partido de la Liberación Dominicana de la “campaña sucia” que denunció el gobierno en contra de la familia presidencial y del propio Mejía.
Ese fue el trato que siempre dispensó Leonel a Hipólito, dentro y fuera del gobierno, incluso en el período más tormentoso para Mejía, después que abandonó el poder en agosto de 2004.
Desautorizó al fiscal...
El fiscal José Manuel Hernández Peguero citó a Mejía para interrogarlo sobre el caso Quirino, en diciembre de 2005. La “osadía” por poco le cuesta el cargo.
Estuve entre quienes criticaron la decisión del Ministerio Público, pero defendí su derecho a conducir la investigación por la ruta que entendiera más expedita para esclarecer un caso escandaloso que comprometía la complicidad de sectores de poder.
Quirino era capitán del Ejército, ascendido desde raso en el gobierno de Mejía, y el ministro de las Fuerzas Armadas de ese gobierno, el general Soto Jiménez, testimonió en la Justicia que en dos ocasiones solicitó al propio Presidente que ese individuo fuera sacado de la guardia. En ambas ocasiones fue desautorizado.
De modo que cuando Quirino cae junto a su cargamento de 1,200 kilos de cocaína que enviaría a Estados Unidos, las condiciones estaban dadas para que el Ministerio Público actuara en contra del expresidente Mejía y tal vez hasta para imputarlo por un hecho del que nada tenía que ver pero que convenía al interés político.
Leonel se negó a que se afectara el honor y la dignidad del expresidente, y admitió haber ordenado al fiscal del Distrito que retirara la citación a Mejía.
“Nobleza obliga...” 
Es un dicho común entre la gente más sencilla del barrio: “Nobleza obliga”.
Por supuesto que Leonel no necesita la solidaridad de Mejía para salir bien librado de la perversidad trasnochada montada por Quirino y sus secuaces...
Pero lo menos que debió hacer Hipólito fue callarse. Porque Hipólito sabe mejor que nadie todo cuanto hizo Leonel para liberarlo de la calumnia y de la maldad del mismo personaje en el momento más difícil de su existencia...
Pero nadie está obligado a ser noble... Menos aún en la jungla política nuestra.
Por César Medina ;-