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sábado, julio 06, 2019

El poder y el melao

El objetivo primario de la reciente visita del secretario del PLD y presidente del Senado, Reinaldo Pared, a los líderes de su organización, Leonel y Danilo, era el de bajar la gran tensión política provocada por un desmedido despliegue militar y policial en torno al Congreso Nacional que nunca debió ocurrir. Y aun cuando el cerco se prolongó y las secuelas iban en aumento, la estrategia de la mediación rindió algún resultado, pues hasta llegó a difundirse la idea de que Fernández y Medina habían llegado a un acuerdo, cuando en realidad no era así.
El interlocutor debió observar -y manejarse- entre la recia posición de las partes, pero el hecho de que uno sugiriera una comisión para mediar en la crisis y el otro mandara a decir que todavía no había tomado una decisión con respecto a los intentos de reforma atribuidos a su persona, sin dudas que también sirvieron para ayudar a una distensión en las intrincadas relaciones de las dos figuras en las que descansa la garantía de unidad y de preservación del poder del PLD. Los efectos internos y externos de ese torpe cerco al parlamento, no hay dudas, fueron mortales para encaminar cualquier iniciativa de reforma constitucional que, por demás, lucía muy cuesta arriba y trastornadora de la paz social y de la institucionalidad del país. Y cuando el presidente Medina ya estaría en un “casi, casi” a punto de llevarle un respiro al país -a partir de un anuncio prudente, ajustado a la racionalidad y a la responsabilidad de un estadista que no desea entrar en conflicto con la historia, diciendo que se centraría en terminar bien su gestión de gobierno-, llegan los datos pesados y penosos últimos que meten hasta al cuello a la emblemática obra oficial de Punta Catalina en el doloso expediente de la firma Odebrecht. El costo político de esa especie de estocada final es muy alto, dejando tiempo y espacio apenas para preparar la defensa posible, y para establecer responsabilidades; cortando por donde hubiera que cortar (con decreto y con justicia), sin dar oportunidad a “renuncia” (¿) tras el descubrimiento de la falta y del daño. Definitivamente, Danilo y Leonel tienen que llegar a un acuerdo, y parar el disgusto, el desgarre y el irrespeto que azuzan algunos sin nada que perder. Y los que hablan de rencor o de posible retaliación contra Danilo, partirán de ellos o de sus “travesuras”, pero ignoran que, en el 20, como cuando lo ayudó a ser presidente, la garantía de Medina es Fernández.
Por Luis Encarnación Pimentel ;-
medios @hotmail.com

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