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miércoles, junio 12, 2019

Cuando la obstinación se hace rey

La situación que viene atravesando el país desde hace un largo tiempo debido a los constantes aprestos y maniobras llevadas a cabo por sectores interesados en materializar una eventual modificación constitucional, sin lugar a dudas que han creado un escenario político muy turbulento y sombrío pero sobre todo agobiante.
No es sorpresa para nadie que a medida que se acortan los plazos, este acontecimiento ha ido acrecentándose, y a su vez, tomando fuerza en el debate nacional debido a que se aproximan los plazos fatales que disponen tanto la Ley de Partidos 33-18 como la de Régimen Electoral 15-19.
Este escenario tan angustioso y prolongado que se ha ido agudizando con el paso de los días, y que también, ha ido creando cierto nivel de desesperación e inestabilidad en el pueblo, al igual que en la comunidad dominicana exterior, donde ya se han levantado rechazando cualquier tipo de acción que atente contra la Carta Magna y la democracia. Y en honor a la verdad es entendible, ya que toda sociedad aspira a vivir en un Estado donde se garanticen sus derechos, se cumplan las leyes e impere el respeto a la Constitución.
En este delicado cuadro que se presenta en la actualidad en nuestro país, lo más preocupante son los daños que esta circunstancia pudiera causar a la nación, ya que materializarse, lesionaría de forma drástica lo que tanto nos ha costado por siglos ir construyendo. Una modificación a la Constitución sería una espada que dividiría ipso facto en dos a la sociedad, y que por ende, se llevaría entre las patas de los caballos a la democracia, al sistema de partidos, la inversión extranjera directa, el comercio internacional, la seguridad jurídica y por demás afectaría severamente la imagen del país y crearía su aislamiento en el plano internacional, como resultado de la ruptura del orden constitucional.
Lo traumático y doloroso del caso es lo que le cuesta al pueblo a simple vista asimilar el comportamiento de actores políticos que en su afán de lograr su objetivo han hecho de la obstinación una regla de oro, y sin guardar el más mínimo respeto, parámetro, ni mucho menos las formas; tratan a toda costa imponer contra la voluntad del pueblo una reforma a la carta sustantiva, con el único y exclusivo propósito de favorecer al mandatario de turno a prolongarse en el ejercicio del poder más allá del 2020; sin importar el precio que se tenga que pagar para lograr dicha encomienda.
Tratar mediante el uso del poder imponer una acción, la cual el pueblo ha rechazado en más de un 70% al igual que los actores de la vida nacional, sería un desafío y un desatino, y a su vez, una obstinación contra una sociedad que se ha levantado de manera firme y decidida pidiendo a grito que se respete la Constitución.
La esencia de la vida no está en lo que se posee; ni mucho menos en el poder, más bien se encuentra en los valores que tengamos y en cumplir la palabra empeñada de forma humilde pues es lo que hace referencia de lo que somos, tal y como reza el texto bíblico de Proverbios 28:14 “Cuán bienaventurado es el hombre que siempre teme, pero el que endurece su corazón caerá en el infortunio” prevenir es curar, y con ello se logra salud, que es exactamente a lo que aspira y pide a una sola voz el pueblo dominicano, el poder seguir viviendo en un Estado democrático de derecho donde el hacer de la obstinación rey sin importar el costo a pagar, sea una tarea superada y del pasado, que jamás afecte o ponga en juego la Constitución, la paz social y la convivencia plena.
Por: Iván Canals ;-
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