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miércoles, diciembre 26, 2018

La pulpería, en el camino de la decadencia

La pulpería o el colmado fue, por muchos años, el eje del tejido social de los vecindarios dominicanos.
Cuando no existían supermercados ni supertiendas, esos pequeños negocios suplían las necesidades más elementales de los ciudadanos, desde la comida, hasta bebidas alcohólicas, andullos de tabaco y medicinas.
El dueño del colmado o pulpería era una especie de benefactor, porque fiaba muchos de los productos, prestaba dinero para necesidades o arbitraba conflictos domésticos, dado el nivel de confianza que tenía entre los vecinos.
En la mayoría de los casos, los propietarios vivían en el mismo lugar del negocio. Como no existía, anteriormente, un clima de inseguridad y de atracos, prácticamente podían servir de urgencia a un vecino que necesitaba de madrugada algún remedio.
Se usaban “vales”, que no eran más que el listado de los productos adquiridos al detalle escritos en un papel de estraza con el total del consumo, que el comprador firmaba para pagarlo a futuro, según lo que acordara con el pulpero. Esa “línea de crédito” no existe ya en muchos negocios de ese y otro tipo.
El colmado o pulpería solía ser, también, lugar de tertulias y hasta de juegos de dominó. Los calieses de Trujillo nunca perdían de vista lo que este fenómeno representaba para sus tareas de inteligencia, espionaje y represión.
Pero, con el paso del tiempo y al modificarse algunas formas de vida, la pulpería original se ha ido desfigurando. Están siendo suplantadas por un sucedáneo parecido, pero distinto: los colmadones, más enfocados en ventas de bebidas alcohólicas, sitios de juegos o de apuestas, pero sin “fiao”.
Los banilejos se hicieron famosos por crear y expandir la cultura de la pulpería. Y, en una época, los pulperos integrados en la Asociación de Detallistas tenían un peso determinante para hacerle reclamos al Gobierno, porque con solo irse a la huelga el país entero prácticamente se quedaba sin la comida del día.
Pero los tiempos modernos se han ocupado de diluir, borrar o transformar estos tradicionales símbolos de una cultura e idiosincrasia, por otras nuevas formas de socialización y de comercio, jamás igualables al rol de ejes del barrio y amigos de los pobres que tenían las pulperías del pasado.
Tomado del editorial de
La pulpería, en el camino de la decadenciade la fecha ;-
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