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domingo, junio 24, 2018

Presidentes encarcelados

De visita en Perú, el Papa Francisco preguntaba sobre qué le pasa a los gobernantes de esa nación que todos van a la cárcel al salir del poder. Bueno, es el gen de la corrupción que tienen las elites políticas de Latinoamérica, que piensa que un cargo público es una millonaria  herencia familiar que deben traspasar a bancos locales y extranjeros y malgastar en lujos, mujeres, fiestas, carros, yates, viajes.
Hay casos tan peculiares como el de Alan García. Fue presidente dos veces (1985-1990 y 2006-2011) y en ambas salió envuelto en complejos escándalos de corrupción.  En el último ha estado “sudando la gota gorda” sentado en el banquillo de los acusados por el caso Odebrecht. En el primer gobierno dejó a Perú en bancarrota y tuvo que salir corriendo como un “caballo desbocado” o “alma que se la lleva el Diablo” para eludir la Justicia. Vino a Santo Domingo y fue entrevistado en el programa nocturno “Punto Final”, de Color Visión (Canal 9), por nuestro grandioso Freddy Beras Goico y denunció que era un perseguido político del presidente Alberto Fujimori.  Reveló que para burlar el cerco militar de su casa, cuando lo fueron a apresar, hizo “un escape de película”: narró que  salió corriendo por el techo de cinco casas.
Fiera enjaulada
Fujimori  “hizo y deshizo”, hubo abuso de poder: cerró el Congreso, reestructuró la Justicia (puso a amigos, familiares como jueces y fiscales).  Eliminó las dos últimas guerrillas: Túpac Amaru y Sendero Luminoso. Fujimori hizo que al líder de Sendero Luminoso, Abimael Guzmán, lo enceraran en una de las cárceles más espantosas y para humillarlo fue exhibido a la prensa encerrado, con su traje de preso,  en una jaula como un animal salvaje.
Cosas de la vida; como “el Diablo no duerme en su cama”, el arrogante bravucón de Fujimori, antes de culminar su segundo mandato (gobernó de 1990-1995  y 1995-2000), se vio envuelto en un escándalo de corrupción, asesinatos, violación de los derechos humanos. Cuando vio que la cosa se puso fea, huyó a Japón, de donde es su descendencia familiar. Desde allá mandó un fax renunciando a la Presidencia. Hubo un proceso de extradición y fue encerrado en la misma cárcel que había preparado para Abimael Guzmán.
Presidente limpiabotas
Llegó a la Presidencia Alejandro Toledo (desde 2001 a 2006), un economista de origen humilde, había sido limpiabotas, pero se superó y estudio en las prestigiosas universidades norteamericanas: la de San Francisco, Harvard y Stanford.  Ahora está  prófugo en Estados Unidos, mientras es requerido por la Justicia por sospecha de corrupción en el caso Odebrecht.
Marido y esposa
Es de conocimiento de la opinión pública mundial, por la conmoción que ha causado la renuncia de PPK (Pedro Pablo Kuczynski). Pero resulta que él, Kuczynski, sustituyó en el cargo al izquierdista, Ollanta Humala, quien estuvo en la cárcel junto a su esposa, Nadine Heredia. También por el caso Odebrecht.
Lo más terrible es que lo que hundió a  PPK es un video que hizo circular la principal líder opositora, Keiko Fujimori, pero ella también está involucrada  o se le menciona en al caso Odebrecht.
En Perú está demostrado que el enemigo número uno del desarrollo de los pueblos es la corrupción (debilita los gobiernos): esa nación está sumida en la pobreza.
El error
Fue un error de la élite política peruana forzar la salida de PPK, no han medido las consecuencias, el vicepresidente que asume la Presidencia, Martín Vizcarra, ya había estado a punto de ser destituido por un escándalo de corrupción por haberse involucrado en unas negociaciones de una constructora de Argentina en Perú. La vicepresidenta, Mercedes Aráoz, también ha sido salpicada por la corrupción.  En el lodazal peruano de la corrupción PPK representaba un “mal menor”, su salida no frenará la corrupción y ahora seguirá un periodo de inestabilidad política, económica y social: muchos inversionistas abandonarán el país.
En conclusión: es correcta la lucha en contra de la corrupción –y debe seguir)–, pero en esta  coyuntura el remedio será peor que la enfermedad.
Por Roberto Valenzuela ;-
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