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domingo, 6 de mayo de 2018

Vida de velocidad en la Era Digital

La ansiedad por la velocidad caracteriza hoy, como ya lo he planteado en otras reflexiones, a los de la nueva generación y a muchos de los que siguen el ritmo de la vida moderna. Vemos  a mucha gente andar muy rápido, buscando su estabilidad personal antes de contribuir al desarrollo de su país, de su comunidad o de su entorno social y familiar.
La formidable expansión de la Internet, la informática, la base de datos, los teléfonos celulares, los satélites de telecomunicaciones, la televisión digital, la realidad virtual y las tecnologías de la multimedia, son fenómenos que han contribuido a darle a la vida moderna el carácter expeditivo, urgente, rápido e instantáneo que caracteriza sus dinámicas más comunes.
Todo esto ha transformado el sentido de la vida, las estrategias y modos de las guerras, el manejo de las finanzas, de las actividades empresariales, del comercio, la administración, la enseñanza, la medicina, y hasta el sentido del ocio y el valor de la cultura.
Hoy en día, en muy poco tiempo, una persona puede acceder, sin realizar muchos esfuerzos, a la información que necesita, aunque esto no significa, en absoluto, que por ello elevará sus niveles de inteligencia, su sabiduría, su nivel de preparación y su madurez como profesional. Todo estará al alcance de su mano si es capaz de dominar los caprichos de una máquina o los trucos y algoritmos de un programa digital.
El notable filósofo y matemático español Javier Echeverría considera que las nuevas tecnologías de la información y de las telecomunicaciones están generando una profunda regresión, sobre todo, en lo que respecta a la estructuración del poder y a la distribución de la riqueza.
En su ensayo “Democracia y sociedad de la información” (1) Echeverría señala que si bien en determinados ámbitos sociales este tipo de desarrollo tecnológico reporta evidentes progresos, en otros sectores están dando lugar a un importante retroceso que devuelve a las sociedades, tanto a las avanzadas como a las del Tercer Mundo, a estadíos anteriores del desarrollo económico y social.
Esto quiere decir que, a la larga, los conceptos de “un buen trabajo, altos salarios, felicidad plena, fama y reconocimiento a toda costa” se convierten en boomerangs que se revierten contra los propios actores que los consiguen debido a que el mismo desarrollo de la tecnología tiende a desactualizar en muy poco tiempo determinado grado de desarrollo convirtiéndolo en obsoleto y, por tanto, sacando de competitividad al supuesto técnico que sólo aprendió a forjarse bajos los principios de aquel tipo de tecnología.
Uno de los graves problemas de la Era Digital es la tendencia al facilismo. La Internet, mal usada, puede conducir a debilitar la innata capacidad humana para pensar y debatir las ideas. Y sin debate de ideas no hay solución a los grandes problemas  de la humanidad.
Por Miguel Franjul ;-
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