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jueves, 22 de febrero de 2018

Primarias abiertas son riesgosas

La aprobación en el Congreso de las primarias abiertas provocaría que el país vuelva atrás con relación a procesos tenidos como cosas juzgadas. Las sentencias sobre muchos aspectos jurídicos ya aprobados serían negados y el caos reinaría en el ordenamiento social.  Se presentaría una alteración a las reglas de juego de manera inusitada e intempestiva con negativo impacto en la inversión extranjera.
El contenido de la Ley de Partidos, en cuanto al montaje de las primarias de los colectivos políticos, es una reglamentación que impacta también en los negocios. Las primarias abiertas violentarán la Constitución y sería establecer un borrón y cuenta nueva, con todo lo dañino que esto puede ser. Las acciones políticas siempre repercuten en la economía. Se ha dicho que la política es la expresión concentrada de la economía, por ello siempre hay que mirar con detenimiento las decisiones a tomar por sus efectos posteriores. A menudo se olvida que el estimado “riesgo país” toma en cuenta la estabilidad de las naciones.
El respeto a las reglas de juego es fundamental para el intercambio comercial y la inversión, tanto nacional como extranjera. El sostenido crecimiento que tiene la República Dominicana tiene mucho asiento en la formalidad y el funcionamiento confiable de las reglas.
Incluir las primarias abiertas en la Ley de partidos sería motivo para dilucidar el texto ante el Tribunal Constitucional, por su contenido inconstitucional, pero más que eso, mandaría la mala señal del irrespeto para las reglas con que opera el mundo empresarial.
Los hombres de negocios son contrarios a que se hagan las primarias abiertas porque desencadenaría en clientelismo y la corrupción al dejar los partidos a merced de las influencias de cualquier gobierno inescrupuloso.
Las primarias abiertas son tóxicas al libre albedrío. Imponerlas por ley maniata el rejuego político y el libre flujo de las ideas. Cualquier partido puede decidir hacer sus primarias abiertas, con el padrón de la Junta Central Electoral y coincidiendo en fechas con cualquier otra organización. Sería su decisión, pero no imposición.
Ponerle una camisa de fuerza a las formas de operar de los partidos altera el flujo de los liderazgos y la promoción de sus talentos. Los partidos con mayores recursos impondrían sus conveniencias a los más débiles con el uso de dinero, prebendas o “donaciones”.
Las primarias abiertas son un riesgo a la institucionalidad. Imponerlas abre las puertas a acciones funestas de incalculables riesgos.
Por Alfredo Freites ;-
alfredofreitesc@gmail.com

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