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sábado, 1 de julio de 2017

Recomponiendo el cuadro político

La ola del tsunami de la Odebrecht ha arrasado con el desenvolvimiento normal de la política tradicional dominicana. La misma estuvo adaptada a las maniobras artesanales de políticos de pocos vuelos y muchas ambiciones cuyo objetivo era asaltar los cargos públicos para desfalcar y enriquecerse. Todo bajo la impunidad vernácula sin temor a castigos ejemplares por carecer de un sistema judicial de confianza.
A partir de 1962 con el Consejo de Estado al frente del Gobierno y después de la salida del doctor Balaguer del mismo, los políticos cogieron confianza para los que anhelaban aprovecharse de los recursos del Estado.
Eso ocurrió a mediados de enero de ese año luego de un levantamiento popular. Con el retorno de la calma se instauró el soborno y las maniobras de aprovecharse de los recursos del Estado. Todo se vio impulsado por una clase social económica y política que el dictador Trujillo había mantenido a soga corta. Solo les daba migajas del poder acumulado por una concentración de la corrupción en sus manos. Esas limosnas era para aquietar sus instintos depredadores de los recursos públicos. Durante la era no se repitieron las hazañas de los políticos y militares, que con sus rebeldías si no disponían del dinero público, se alzaban para derrocar al gobierno de turno. Ese arrastre sedicioso de la corrupción de los caudillos seudos jefes militares estimularon y precipitaron la ocupación extranjera de 1916.
En 1962 había un campo propicio para arrasar con los recursos estatales. La irresponsabilidad y la codicia se instaló en los predios políticos del sector público a todos los niveles incluyendo el militar y mucho mas el policial. El mayor latrocinio se produjo a pocos meses de 1962 cuando las empresas de Trujillo y familiares que fueron incautadas por el Gobierno dejaron de ser entes productivos. En 1996 fueron finalmente aniquiladas a nombre de la modernización y de la privatización. Las empresas fueron canibalizadas o desaparecidas para luego surgir nuevas empresas en manos de un sector empresarial ansioso para reemplazar el estilo Trujillo de monopolios y favoritismos gubernamentales.
Después de 55 años la práctica política tradicional, de apoyarse en la corrupción para disfrutar del poder, aparentemente ha llegado a una pared. El escándalo de la Odebrecht ha conmovido los cimientos de un sistema que sostenía su efectividad en el soborno generalizado desde las propinas a los mensajeros hasta las villas de campo en los resorts. Ahora parece se acabó el tiempo a los actos de corrupción que se consideraban como intrínsecos al accionar de la política.
La Odebrecht llegó y modificó el sistema con un alza considerable de los montos de los sobornos. Estos luego eran recuperados con las abultadas sobrevaluaciones del valor final de las obras. Por eso se hablaba de la generosidad de los contratistas brasileños y sus sólidos amarres con las autoridades que sucumbieron a un enriquecimiento al vapor. Ahora muchos que están encarcelados ven con temor de como ese rápido enriquecimiento se volatizará para devolver lo sustraído a manos del Estado perjudicado por los funcionarios que se les había considerado honestos e incorruptibles.
Es tiempo de reflexión si en verdad a la clase política le duele este país. Muchos de ellos desean dedicarse a ayudar a sus semejantes con ser servidores públicos. Si ese no es el criterio de enmienda de las conductas entonces no hay esperanzas de que el encarcelamiento vergonzante de los políticos manchados por la Odebrecht no hará escarmentar a los que están libres. Quizás estos se frotan las manos creyendo que en sus maniobras serán distintas y mas rebuscadas para no ser detectados. Creerían que podrían ser mas hábiles cuando llegue a sus manos algún contrato grande con empresas locales o extranjeros.
En las discusiones privadas para financiamiento de proyectos grandes con recursos externos y previo a cerrar las negociaciones a niveles muy alto en la escala de jerarquía gerencial del gobierno y de las empresas es cuando se afina el método a utilizar que va mas allá del simple sobrecito pasado por debajo de la mesa. La novedad de la corrupción de la Odebrecht fue lo intrincado de la madeja para el camino del dinero para salir de su origen y llegar a los destinatarios. Era un laberinto bien estructurado y mejor vigilado que por la ingenuidad de los políticos dominicanos y su afán de ostentación no previeron sus descuidos con sus declaraciones fiscales divorciadas de sus vida ostentosa de lujos. Fueron atrapados por esos símbolos de suntuosidad que disfrutaban sin temores aparente que alcanzaba a sus familiares y relacionados. Los recursos se ponen difíciles para los funcionarios encubrirlos, pero no pasará mucho tiempo sin que vuelvan a sus andadas por aquello de que perro huevero aun cuando le quemen el hocico.
Por Fabio Herrera Miniño ;-
herreraclubnaco@gmail.com