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viernes, 31 de marzo de 2017

El PLD en su noche más oscura (No es conspiración)

“... fue más compañera, cuando fue nuestra noche más oscura”. N. Guillén.
QUÉ HACER, LENIN, QUÉ HACER
Como el PLD en aquellos años ochenta de sus nostalgias, los partidos pequeños buscan en las “verdes calles” del país lo que no encontraron en las blancas urnas, y es lógico. Pero el caso de los morados es peor y más grave, muchísimo más grave, pues su división -que el match Felucho Jiménez-Franklyn Reynaldo Almeyda Pared ha evidenciado, le ha impedido “unificar criterios” y definir una línea de acción conjunta en este su peor momento político en casi 17 años de gobierno.
Entonces, ante la inoperatividad del partido, el gobierno tiene que hacer su tarea y sacar tiempo para releer aquel clásico de Vladimir Ilich: “¿Qué hacer?”, y ya me explico.
“CONCÉNTRESE PROFESOR”
Si por lo menos la mitad del 25 por ciento de la población que representa la clase media está enfrentada radicalmente al gobierno, éste debe  concentrarse en el restante 75 por ciento que es donde está su voto fuerte y de donde salió gran parte del 62% que le apoyó en mayo pasado. Esos seis de cada diez votantes, si hoy no están a su favor con el ímpetu de mayo, posiblemente consideran que todavía son los morados el mal menor de la partidocracia nacional, y todo a partir de que su alternativa, el PRM, sigue negado a convertirse en un partido confiable para los votantes. Claro, si bien he escrito mil veces que la mayor luz del PLD son las sombras de sus adversarios, queda en el aire la pregunta, sí, sí, ¿pero  hasta cuándo? Además, bien debería recordar el PLD que las crisis generan sus líderes, aunque se corra el peligro de que la cura sea peor que la enfermedad. Son las reglas de la historia, los benditos juegos de azar y la memoria. En fin, el gobierno debe concentrar recursos y esfuerzos en acelerar el proceso de transparencia y fortalecimiento institucional que a pasito lento ha ido desarrollando en los últimos años, (con la dirección general contrataciones públicas como estandarte), esmerarse en mejorar las condiciones de vida de los sectores más desfavorecido de siempre, y algo fundamental: forzar a los legisladores de su partido a aprobar una verdadera ley de partidos y régimen electoral. Que la Finjus y la JCE le echen una mano, que esos Castaños Guzmán son buena gente.
LA MISMA CLASE MEDIA
El gobierno tiene perdida la guerra político-mediática frente a un amplio sector de la clase media que el movimiento Marcha Verde por el fin de la impunidad representa. Pero es bueno anotar, que fue esa misma clase media -hoy moraita de indignación contra el gobierno- la que en los días terribles de 2003 y 2004 se lanzó a protestar en las calles del polígono central de la capital contra las diabluras inolvidables, contra las absurdidades monumentales de aquel gobierno que regresó el país a los funestos indicadores sociales y económicos de 1986, sólo que cuando conviene, “olvidar lo malo también es tener memoria”. Sí. Es la misma clase media de 2003- 2004, solo que, ampliada en los últimos años, ahora su indignación va dirigida contra un partido que vive en la arrogancia de saberse el mal menor, la penúltima Coca Cola del desierto, el último beso de aquel verano, como una mujer de sol y azul en su crueldad de saberse amada. Hablo de un partido en cuyos gobiernos se ha creado la estructura jurídico institucional y se ha transformado  materialmente al país, -sería mezquino negarlo-, pero que en el tema de la impunidad no ha sido capaz siquiera de escuchar los consejos del presidente Lilís a su compadre, sobre qué hacer con las plumas de una gallina robada.  Ahora que los morados atraviesan por su noche más oscura, es buen momento para que en procesión cristiana acudan al santo Sor Atahualpa Cardenal Yupanqui para que el maestro les recuerde que también sirven las sombras para distinguir la luz y retomar el camino. ¡Qué la Magdalena les guíe!  Con su permiso.
Por Pablo Mckinney ;-
pablomckinney@gmail.com