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miércoles, 15 de febrero de 2017

¡Qué desastre!

El alevoso asesinato de dos comentaristas radiales en plena transmisión desde una emisora en San Pedro de Macorís, constituye otra página negra en la historia de los atentados a la libertad de prensa en nuestro país.
Otro crimen espeluznante que subraya el precario y vulnerable ambiente en que se ejerce el libre derecho a la información y la crítica, en un contexto de inseguridad ciudadana que cada día lleva luto y dolor a la sociedad.
En momentos en que los comunicadores Leo Martinez y Luis Manuel Medina se encontraban laborando en la emisora FM 103, pistoleros entraron a las cabinas y les dispararon a muerte, hiriendo gravemente de paso a la secretaria de la estación.
No cabe dudas de que se trató de un bochornoso acto de retaliacion ante la responsable línea de críticas que ambos comunicadores, en pleno derecho, solían hacer en su programa de cara a la defensa de los mejores intereses de su provincia.
Los criminales se sintieron libres de volver a ofender a la sociedad dominicana, y a la prensa independiente en especial, porque están conscientes de que pueden desafi ar sin temores a la ley y la justicia, profundamente devaluadas en el país.
Transmisión en vivo del periodista y locutor petromacorisano Luis Manuel Medina al momento de ser asesinado. Es que no hay temor a las consecuencias donde predomina la impunidad y donde la justicia viene a resultar más fl oja y benevolente con los delincuentes, al amparo de un código procesal que les abre muchas puertas para esquivar las rejas de una prisión.
No solo en este caso, sino en otros en que periodistas han sido asesinados en el cumplimiento de sus deberes, sobre todo en San Pedro de Macorís, la justicia ha sido tardía o sencillamente incapaz de aplicar los debidos castigos a los responsables, directos como intelectuales de esos crímenes.
Toda la prensa nacional ha sido conmocionada por este desastre, que pone de manifi esto los latentes instintos de los intolerantes frente a las verdades que desnudan los medios de comunicación y, al mismo tiempo, el ambiente de desprotección e inseguridad que gravita tanto para ellos como para el resto de los ciudadanos.
Repudiamos enérgicamente este vergonzoso atentado contra la vida de nuestros colegas y exigimos a la justicia que lo esclarezca y lo castigue ejemplarmente.
Tomado del editorial de
¡Qué desastre!
de la fecha