jueves, 10 de noviembre de 2016

¡...Hacer, decir!

Desde finales de los años sesenta del siglo pasado, el Partido Republicano ha ganado la mayoría de las elecciones celebradas en los Estados Unidos. La razón se encuentra en el éxito de lo que se conoce como “La Estrategia del Sur” puesta en práctica por Richard Nixon en el 1968...
Desde inicios del siglo 20, los estados del Sur estadounidense fueron considerados feudo-demócratas, pero luego de que las leyes de Derechos Civiles impulsadas por el presidente Johnson eliminaron la segregación racial y reconocieron los derechos de los afroamericanos, esos estados iniciaron un proceso de cambio hacia la columna de los republicanos consolidados con el nuevo conservadurismo de Ronald Reagan.
Salvo Jimmy Carter y Bill Clinton --ambos gobernadores de estados sureños, que ganaron en circunstancias muy particulares marcadas por el escándalo Watergate, en el caso de Carter, y por la crisis económica, en el caso de Clinton--, ese bloque del Sur ha garantizado las elecciones presidenciales para el viejo partido de Lincoln.
Mientras, los demócratas consolidaron su dominio sobre los estados del Medio Oeste industrializado y los de la Costa Este, mucho más liberales. Los republicanos, apelando al conservadurismo religioso, consolidaron su hegemonía en los estados del cinturón bíblico, mientras los demócratas y su discurso en contra del libre mercado se agenciaron el apoyo de los sindicatos de trabajadores y de los sectores más liberales de la sociedad norteamericana.
... Qué pasó en el 2008?
La campaña presidencial de 2008 representó un cambio importante. El candidato Barack Obama logró articular la mayor coalición progresista desde John Kennedy, formada por afroamericanos, latinos, mujeres, jóvenes, profesionales y trabajadores conocidos como de “cuello azul”.
Se pensó que con los cambios demográficos en los Estados Unidos y con un Partido Demócrata cada vez mas radicalizado y alejado de votantes latinos y afroamericanos, la “Coalición Obama” mantendría la Casa Blanca ocupada por un demócrata durante varias décadas.
Sin embargo, anteayer se probó lo contrario: Donald Trump, populista consumado, ganó las elecciones al romper con el dominio demócrata en estados como Pensilvania, Missouri y Michigan, además de ganar con comodidad en Ohio, estados que tienen en común una alta concentración de votantes blancos, trabajadores que afectados por el desplazamiento de puestos de trabajo como consecuencia de los tratados de libre comercio y la globalización del comercio mundial.
Ahora toca ver cómo puede Trump consolidar esta nueva coalición populista, y para ello deberá tratar de alcanzar alianzas con los conservadores en el Congreso y el liderazgo partidario... No sólo para poder gobernar, sino para prolongar una coalición en ciernes con pretensión de extender el dominio republicano frente a un Partido Demócrata que, fragmentado, deberá estirar sus brazos hacia la izquierda en busca del voto joven y liberal que mostró fortaleza con la propuesta de Bernie Sanders.
... Otra vez: el péndulo
El movimiento pendular del partidismo norteamericano volvió a expresarse en estas elecciones, adicionado a los factores sociales que provocaron “el milagro” de Trump para poner el mundo patas arriba. El Partido Demócrata obtuvo por última vez más de dos triunfos consecutivos en 1944, para reeditar en el poder a Franklin D. Roossevelt. Desde entonces ha gobernado dos períodos... y fuera.
Se pensaba que esta vez sería distinto porque todos los indicadores proyectaban la victoria de Hillary Clinton, pero sin tomar en cuenta variables que escaparon a los analistas más sesudos del acontecer político estadounidense, a las firmas encuestadoras más acreditadas y al sentido común que descartaba de plano el triunfo de un candidato que hizo exactamente todo lo que había que hacer para perder...
... Pero que dijo machaconamente a todo lo largo de su campaña lo que los americanos querían oír... Por eso ganó.
Por César Medina ;-
lobarnechea1@hotmail.com