martes, 1 de noviembre de 2016

Con sus propios ojos

El presidente Danilo Medina está comprobando, con sus propios ojos, el desalentador estado de deforestación en que se encuentran las áreas adyacentes a las cuencas donde el país almacena sus reservas de agua, menguadas por la muerte de ríos y las frecuentes sequías que se derivan del cambio climático.
Su más reciente encuentro con esta verdad se produjo el domingo en Sabana Yegua, y la contemplación del desastre fue tan impactante que dispuso de inmediato un masivo plan de siembras de árboles maderables, pinos, aguacate y café, buscando frenar su degradación.
Desde su helicóptero ha podido divisar mejor la extensión de las áreas afectadas por el conuquismo, el cambio irracional de cultivos que suplantan árboles que dan sombras, frutos y nutrientes para la tierra, el corte de especies para producir carbón y los lechos secos y empedrados de los ríos que antes brotaban de esas cimas.
De seguro que también ha visto las presas nutridas de agua almacenada; pero que nadie se llame a engaño, pues esas presas están altamente sedimentadas y han perdido su capacidad de volumen, en algunos casos hasta del 50 por ciento. Es decir, que podrían verse casi colmadas de agua, pero no de toda el agua que al principio acumulaban.
Y esa sedimentación es el producto combinado de la deforestación y de la consiguiente pérdida de la capa vegetal de la tierra. Si no hay árboles que protejan y amortigüen la caída de las lluvias, la tierra se desliza hacia las cuencas y las sedimenta.
Perdemos por partida doble: perdemos la fertilidad de las tierras; perdemos la capacidad de las presas para almacenar agua, que serviría para el consumo humano; el riego y la generación eléctrica, y perdemos los árboles.
 Y así, en esa espeluznante cadena de degradaciones, el país también pierde, pues, se enajena de los recursos naturales más valiosos para la vida, un proceso que se ha venido dando, sin frenos y a la vista, la desidia y la tolerancia de los abusos de los depredadores por parte de los que han tenido la responsabilidad de cuidar el medio ambiente de tales amenazas.
Tomado del editorial del
Con sus propios ojos

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