lunes, 3 de octubre de 2016

Tanta antipolítica

LO QUE DICEN.-  ¿Qué pensarán los aspirantes a la Junta Central Electoral y a la Cámara de Cuentas que militan en partidos de oposición, ante la objeción por principio y en bloque de sus dirigentes? No sé lo que piensan, pero sí lo que dicen, y lo que dicen no es bueno ni alentador para esas organizaciones. No entienden tanta antipolítica, y menos la insistencia y el afán. Bien que plantearan un marco de referencia al inicio del debate o del diálogo, pero ya superada la circunstancia, y ante la inevitabilidad del reparto, se impone asumir la consecuencia. No hay que ser muy agudo para advertir la reacción. Las listas del Senado y de la Cámara de Diputados son pruebas al canto.
No podría haber tantos profesionales pretendiendo un puesto en esos organismos, y todos, o la mayoría, ser ajenos a los  partidos que disputan el poder. Ni tontos ni pendejos, que aquí todos se conocen, y por el momento no existe ningún pozo nuevo en que los interesados abreven y el agua sea diferente y mejor. Los mismos bueyes, pues la tierra es la de siempre y por igual las cosechas. El show hubiera quedado bonito, pero faltó tarima.

EL ESCENARIO.- La postura de los partidos de oposición respecto a la conformación de Junta Central Electoral y Cámara de Cuentas es tan precaria, que ni impasse provoca. Ellos se las cantan, y después se las lloran, y al final se las ríen. Al parecer no creen en la posibilidad del diálogo, y aunque reconocen que los empresarios fueron oportunos, no creen que efectivos. El gobierno les hizo el desplante en bloque: políticos, empresarios y sociedad civil, en general, de manera que ninguno de estos sectores se equivocara ni se creyera. De ahí que como mansos corderos hagan lo que debieron hacer desde el principio: tocar las puertas del Senado, o enviar una comunicación, o acogerse a su ocasional designio. Y lo cierto es que tanto dar vueltas, los mareó. Por ejemplo, tenían un representante en la comisión, y si no era decisivo, por lo menos eran dos ojos, dos oídos y una boca para ver, escuchar e intervenir en lo que fuere menester. Voto incluido. Ahora no lo tienen, y no porque lo sacaran, sino porque renunció. En política no se abandonan los escenarios a menos que se tenga dominio de otro mejor.

LA MUDANZA.- La idea de trasladar el diálogo de la Madre y Maestra al Palacio Nacional, o de que el árbitro fuera Danilo Medina y no Agripino Núñez, fue de los empresarios. Los cuales no tienen objeción a la legalidad y legitimidad del reelecto jefe de Estado. Los partidos estuvieron de acuerdo, y se molestaron cuando el ministro Administrativo dijo que no, que se fueran con su música al local donde se celebraba la fiesta. Al Senado. Ahora bien, la estrategia de los empresarios era diferente a la de los partidos, o sus dirigentes. Tampoco en ese punto estaban todos a una. Los empresarios vieron al presidente de la República como autoridad suprema de la Nación, con ascendiente indiscutible sobre todos los sectores. El hecho de que fuera dirigente de un partido o cabeza de una facción no era óbice para crear condiciones favorables al entendimiento. Los partidos no, los políticos tampoco. La ocasión fue vista como una oportunidad de discutir de igual a igual, y de haberse dado esa situación, los rangos, las categorías, iban a ocasionar problemas, hacia adentro y hacia afuera.

DE LADO Y LADO.- No hay dudas de que si se hubiera dado la situación, los partidos todos, o alguno en particular, iban a objetar que Danilo Medina fuera árbitro y no parte. Tampoco hay que dudar de que antes de sentarse a intercambiar, el jefe de Estado iba a demandar su acreditación. El reconocimiento de su condición, tanto desde el punto legal como legítimo. El hecho de estar era de por sí un reconocimiento, pero se hubiera reclamado que fuera manifiesto. A viva voz. Ahora, cuando se estudia la posibilidad, los estrategas oficiales consideran que se hizo tarde. ¿Qué sentido tiene ablandar habichuelas cuando el moro está servido, y justos los platos y las cucharas? De haber sido en su momento, antes de la juramentación del nuevo mandato, los decretos pudieron ser más multipartidarios y la administración más abierta y plural. Eso lo pensó el gobierno, y también la oposición. El encanto de un empleo público, o de un alto cargo, seduce a todos los políticos por igual. Incluso, de esos dirigentes que como dragones  botan fuego por la boca, hay que no solo hace mucho que no comen, sino que el hambre se les nota en la cara...
Por Orlando Gil ;-
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