miércoles, 21 de septiembre de 2016

Conejillo de indias

Olvidada y abandonada por quienes la utilizaron como portaestandarte de la campaña contra la sentencia 168-13, del Tribunal Constitucional, la ciudadana Juliana Deguis Pierre se queja ahora de que los movimientos que la auparon como a una heroína en la lucha contra la apatridia se lucraron a costillas suyas.
Ella misma habla de que esos grupos ganaron dinero en sus movidas antinacionales y no le dieron nada a cambio, por lo que ahora atraviesa una situación de insostenibilidad, sin trabajo, sin recursos para alimentar y educar a sus hijos o para atender su propia salud.
El testimonio es demasiado elocuente porque desnuda el oportunismo de los grupos que se confabularon para denunciar que el Estado dominicano fomentaba un “genocidio civil” al desconocer la nacionalidad de millares de dominicanos de ascendencia haitiana, creando parias o apátridas, al margen de todo respeto a los derechos humanos.
Usando a Juliana Deguis Pierre como punta de lanza de esa conspiración, los grupos lograron apoyos internos y externos, copiosamente dotados de fondos, para llevar adelante sus denuncias sobre racismo, xenofobia y apatridia y exigir que se condenara a la República Dominicana por esos supuestos pecados de lesa humanidad.
Tan lejos llegaron en esa ofensiva que hasta el alcalde de Nueva York, más despistado que el hijo de Lindbergh, un premio Nobel, otras personalidades e instituciones multinacionales se tragaron la historia y se unieron a las denuncias, usando la figura y las vicisitudes de Juliana Deguis Pierre como conmovedores ejemplos de su verdad y concitando la solidaridad y la compasión hacia ella y los miles de haitianos que pretendieron que se les reconociera la nacionalidad dominicana para poder regularizar su permanencia aquí.
Desde la fecha de emisión de la sentencia, hasta hoy, la República Dominicana ha sido víctima de las condenas y los vituperios internacionales por la adopción de una nueva política migratoria que, bajo tal estado de presión, no ha logrado plenitud de aplicación, reflejo de un quiebre de su soberanía.
Los que tiraron la piedra han escondido la mano, como la “gatita” de María Ramos, abandonando ahora a la heroína de la campaña como pieza inservible de su engranaje, condenándola a un futuro incierto sin compartir el dinero que ella dice sirvió para lucrar a los que movían los hilos de las marionetas en esa campaña.
¿Era auténtica, entonces, la sensibilidad que dijeron tener esos grupos frente al drama humano de las supuestas víctimas de la apatridia, vale decir, de las bajas del genocidio civil que había causado la sentencia?
Parece que no, por lo que dice, desde el fondo de su corazón, una adolorida y abandonada mujer que se prestó, como conejillo de indias, al experimento de denunciar a su propio país en el exterior creyendo de buena fe que hacía lo correcto, y por el silencio que han mantenido esos grupos de “Soy Haití” frente a las masivas expulsiones de haitianos de otros países que se han venido produciendo en las últimas semanas.
Tomado del editorial de
Conejillo de indias

de la fecha