miércoles, 31 de agosto de 2016

Golpe en Brasil: "En 12 meses se consolidó un giro geopolítico en toda América Latina"

Finalmente el Senado de Brasil votó la destitución de la presidenta Dilma Rousseff ¿hacia donde va el gigante sudamericano y que consecuencias tendrá para la región? 
Como se preveía, la mayoría de los senadores brasileños ratificó el golpe de Estado contra Dilma Rousseff y el Partido de los Trabajadores (PT). La presidenta electa por 54 millones de personas en 2014 fue destituida y ahora su mandato que finaliza en 2018 deberá concluirlo el vicepresidente, Michel Temer.
Sin embargo, esto no supone simplemente un cambio de presidente, sino que implica -como denunció la propia Rousseff- un ataque a la democracia y un cambio de política social y económica. Una modificación del programa de gobierno que no hubiera sido apoyado por el pueblo brasileño en las urnas. Así lo ha dejado entrever el propio Temer durante los meses en que actuó como presidente interino.
Pero además, la consumación del golpe de Estado implica un cambio en las relaciones internacionales y el equilibrio geopolítico de América Latina en su conjunto.
Menos derechos, más neoliberalismo
Conscientes de lo que vendrá, las organizaciones sociales de Brasil y los partidos políticos democráticos se han estado movilizando desde el mes de mayo cuando la mandataria fue suspendida. En los últimos días la situación se ha agudizado y en distintas ciudades ha habido importantes protestas. La respuesta gubernamental fue la represión. Es que para imponer su plan de gobierno, el presidente golpista no tiene otra opción que hacerlo por la fuerza.
Temer ya reconoció que su intención de imponer la edad jubilatoria en 62 años para las mujeres y 65 para los hombres será "una lucha feroz". A esta iniciativa se suman las palabras de Robson Braga de Andrade, presidente de la Confederación Nacional de Industria, que sugirió extender la jornada laboral hasta las 80 horas semanales. Asimismo, desde el Ejecutivo ya informaron que pretenden "revisar" los beneficios que perciben jubilados y personas con alguna discapacidad. Siempre con el objetivo de reducir el déficit fiscal.
"Se trata de implantar las reformas neoliberales que el capital financiero internacional y las élites brasileñas reclaman como nuevo orden conservador, luego de llevar al poder al actual e ilegitimo presidente interino", comentó a RT el periodista radicado en San Pablo, Gerardo Gamarra. En ese sentido denunció que ya se están llevando adelante recortes en materia de salud, educación y vivienda "que garantizan un acopio de alrededor de 28.000 millones de dolares con el argumento de destinarlos al pago de la deuda".
Finalmente el periodista analizó que "el Gobierno neoliberal que rige sobre la sociedad brasileña buscará instalar todas aquellas modificaciones que ni en los años 90 ni en las dictaduras militares por las armas se pudieron lograr".
Los actores detrás del golpe
Durante todo el proceso de 'impeachment' quedó claro que Rousseff no había cometido ningún delito y que el trasfondo fue siempre eminentemente político y económico. Así lo demuestra el plan de gobierno de Temer pero también quienes impulsaron la destitución. Cámaras empresarias, medios de comunicación y sus brazos políticos en el Congreso trabajaron desde el comienzo para llegar a esta situación.
La bancada conocida como Buey, Biblia y Bala (BBB), integrada por el Frente Parlamentario Agropecuario -ligado al agronegocio-, el Frente Parlamentario Evangélico -de tinte netamente religioso/conservador- y el Frente Parlamentario de Seguridad Pública -defensores de la portación de armas y la mano dura-, tuvo un rol clave en la votación de la Cámara Baja contra Rousseff. Según el portal Brasil de Fato, "entre los religiosos, la votación fue 163 a 24 (una proporción de 6,7 a 1) a favor del 'impeachment', mientras que entre los defensores de las balas fue de 245 a 47 (5,2 a 1). La media general de los sufragios fue de 2,6 votos a favor del 'sí', por uno en contra".
Por su parte los medios de comunicación no se quedaron atrás. En mayo de este año, cuando se votó la suspensión de la presidenta, el portal Manchetômetro difundió un informe sobre como habían valorado a cada partido los principales periódicos del país en las 12 semanas anteriores. Por lejos, la mayoría de los titulares negativos se los llevó el PT y el gobierno de Dilma Rousseff. Cabe recordar que Reporteros sin Fronteras indica que el 90% de los medios de comunicación de Brasil están en manos de siete familias. El grupo Globo se coloca en primer lugar, ya que abarca alrededor de un 40% del mercado.
La frutilla del postre la pone el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) que acompañó al PT en las elecciones pero rápidamente se convirtió en su principal opositor. Desde la Cámara de Diputados el destituido Eduardo Cunha fue quién dio el visto bueno al proceso de 'impeachment' y luego sus diputados y senadores completaron los votos para garantizar el golpe. Asimismo Michel Temer (también del PMDB) conformó su gabinete interino con miembros de la oposición derrotada en 2014 y funcionarios plagados de denuncias de corrupción. Varios han tenido que renunciar.
¿Que impacto tendrá en América Latina?
La crisis política en el país más grande de la región sin duda tendrá repercusiones en el resto del continente. Para el periodista Fernando Vicente Prieto con el 'impeachment' se viene a "consolidar un giro geopolítico donde el primer golpe fuerte fue el triunfo de Mauricio Macri en Argentina", pero que también es "la continuidad de un contragolpe iniciado con el golpe de Estado en Honduras (2009) y el golpe en Paraguay (2012)”.
El columnista de Telesur analizó en diálogo con RT que hay una "contraofensiva imperial" que surge como respuesta a "un proceso surgido de las luchas populares de todo el continente a principios del siglo XXI”. Esta acción abarca "componentes jurídicos, políticos, mediáticos, diplomáticos y militares" con la intención de "desplazar a los gobiernos progresistas y de izquierda por el medio que sea”.
De cara al futuro Vicente Prieto considera que “es muy probable" que Brasil continúe "acercando lazos con EE.UU. y articulando una política para el Mercosur junto con Argentina y Paraguay, intentando hacer propia la agenda de Washington”. Esta agenda consiste en "seguir impulsando los tratados de libre comercio, una versión renovada del ALCA o un ALCA múltiple; instalar bases militares o tratados de cooperación militar con el Pentágono; y obtener el control de los bienes comunes”.
Finalmente subrayó que “la consumación y estabilización del golpe en Brasil" da cuenta de una "reorientación brusca en menos de 12 meses en la región”. Por lo que cabe esperar "una agresión mayor de EE.UU. y los gobiernos de derecha de todo el continente a lo que seguramente habrá una respuesta popular para no dejarse arrebatar derechos”.