martes, 19 de julio de 2016

¿… Pero negociar qué?

Esta es una sociedad permisiva, a veces absurda, donde algunos políticos prepotentes y ensoberbecidos se creen con el derecho a trastornar el orden que imponen las mayorías cuando eligen a sus autoridades: al Presidente, a los legisladores, a los alcaldes, a los regidores
Por eso se ve con tanta frecuencia que los mediadores, las comisiones, los empresarios, los gremios y hasta el chinero de la esquina exige “derechos” no contemplados en la ley, quieren imponerse sobre la Constitución para suplantar las instituciones, pretenden relevar los poderes públicos para satisfacer sus intereses particulares.
  En ninguna parte del mundo se permite que una comisión de notables se arrogue derechos que conciernen exclusivamente al Estado ni que un partido derrotado en las elecciones pretenda controlar un poder que le negó el pueblo con su voto, o que quiera imponerle condiciones a un gobierno elegido legítimamente.
Pero aquí esas cosas ocurren olímpicamente y nadie se alarma ni protesta por una suplantación tan absurda de la Constitución. Y lo peor es que lo hacen en nombre de la propia Constitución que pisotean con sus acciones.
Cuando los gobiernos se prestan a ese juego delegan de forma absurda el poder que les ha conferido el pueblo con su voto y se colocan al margen de la Constitución y las leyes exhibiendo temor infundado, debilidad que realmente no tienen Como ocurre ahora, por ejemplo, en que el Estado sucumbe miserablemente al chantaje.
¿Para qué elegimos...?
Más de medio siglo de democracia ininterrumpida --con 15 elecciones presidenciales y cinco congresionales y municipales--, no han bastado para consolidar la institucionalidad política dominicana y hacer entender a cuatro generaciones de dirigentes políticos cuál es la regla de oro de la democracia: a las elecciones se va a ganar o a perder y prevalece el imperio de la mayoría.
Ejemplos existen de sobra, pero el más reciente lo tenemos frente a nuestros ojos Nunca antes, en esas 20 elecciones nacionales, se había producido una diferencia tan abismal entre el primero y segundo lugar. En números redondos, las elecciones terminaron 62 a 35, y si alguna sorpresa hubo, fue la elevada votación del principal candidato opositor a quien ninguna encuesta seria proyectó sobre el 30 por ciento.
Dos meses y cinco días después de las elecciones, aún se escuchan los gritos de los derrotados que no aceptar el veredicto de las urnas y se resisten a acatar la voluntad de la mayoría. Es lo único que explica el último resabio para boicotear la absurda negociación que busca tomar decisiones que competen exclusivamente al Congreso de la República
... Perdone, don Agripino
Todo el mundo pensaba que monseñor Agripino Núñez Collado --que tan buenos servicios hizo a la patria los últimos 55 años--, estaba retirado en su apacible residencia de Santiago rodeado del cariño de sus entrañables amigos, entre ellos los empresarios Manuel Estrella y Felito García, con quienes comparte buenos momentos casi todas las semanas.
Sin embargo, fue llamado para mediar sobre temas fundamentales de la agenda legislativa, en particular las leyes de partidos y electoral, y probablemente también para la designación de una nueva Junta Central Electoral y eventualmente para la designación escalonada de nuevos miembros de las altas cortes.
El consenso siempre será saludable. Pero jamás la injerencia en materias legislativa. Para eso está el Congreso...
¡...Y perdone usted, monseñor!
Por César Medina ;-
lobarnechea1@Hotmail.com