viernes, 22 de abril de 2016

Las iglesias y los candidatos

TIEMPO DE FE.- Los candidatos no pensaron que los católicos y los evangélicos se las iban a poner tan difícil y ahora no saben cómo salir del evidente encierro. La Iglesia fue siempre un elemento de poder, pero actuaba por arriba, entre iguales. Las demás confesiones no iban a la calle, se quedaban en el templo, y a lo sumo alborotaban el barrio con una pandereta. Tiempo pasado, y mejor, pues ahora los pastores comparecen a los medios y en cada ocasión siembran el terror entre los políticos. Les exigen determinadas posiciones, que asuman valores que antes les eran ajenos, por lo menos en campaña, y en caso de que no accedan, los amenazan.
Y no con cualquier amenaza. Si fuera con las llamas del infierno, no habría problema. Pero sucede que los evangélicos ahora son más prácticos, conocen más a los políticos, y pretenden golpearlos donde más les duele: en el voto. Según se dice lo pondrán en evidencia, y no de manera genérica, sino con nombres y apellidos, y por si hiciera falta, con fotos. El propósito es que no haya forma de escapar. O se someten a su particular interpretación del Evangelio o pagan las consecuencias. Es la hora del terror, y todo se resolverá con intimidación...
ELLAS Y ÉL.- El trance a que se abocan ahora los candidatos no es fácil, pues tienen que decidirse entre el embajador norteamericano y las iglesias cristianas. En especial Católica y Evangélica. A Luis Abinader, por ejemplo, le llegó su turno y tuvo que definirse, aunque lo hiciera en el plano constitucional. El matrimonio es entre un hombre y una mujer, y no entre hombre y hombre o entre mujer y mujer. La Constitución es clara al respecto, y él no tiene porque andar oscuro o prestarse a ambigüedades. ¿Qué dirá ahora su amigo James Brewster? Sin duda que el representante de Estados Unidos, y activista gay, pierde cancha, espacio, oportunidad. Hubiera sido un gran paso de avance para su causa que un candidato como Abinader, el principal de oposición, asumiera el credo gay, contraviniendo las iglesias. Ahora puso distancia en público, y en respuesta a una pregunta, pero desde hace dos o tres circula un chisme propio de campaña. Que habría bajado línea a sus conmilitones para que dejaran de decir que él era el candidato de la embajada...
COSTO, BENEFICIO.- Esa nueva posición, más que acción, fue reacción a todo ese movimiento de las iglesias cristianas. En particular Católica y Evangélica. La invitación o la visita del embajador norteamericano fue lo mejor que pudo pasarle a Luis Abinader al inicio de su carrera presidencial. Mientras no había costo y todo era beneficio, una bendición del cielo. Pero al producirse este levantamiento a nombre de la fe, lo inteligente políticamente hablando era recogerse, volver a la posición anterior. Dijo al igual que Hipólito Mejía que la Junta Central Electoral debió acreditar a la Usaid como observadora en las elecciones de mayo, y eso no fue tanto ponerse donde el capitán lo viera, como aprovechar una circunstancia favorable. El sabía, al igual que el expresidente, cual hubiera sido el cometido del gobierno de Estados Unidos. Los norteamericanos no se conforman con tener ojos, por muy grandes que sean, sino manos. Y nunca tampoco las dejarían quietas, pues su poder no conoce límites...
LOS OTROS.- La situación política que se da alrededor de los evangélicos no deja de ser interesante. E incluso intrigante y confusa. Los hombres y las mujeres que reivindican la fe como cosa propia, no están de un solo lado. No participan del mismo propósito. Las confesiones que se consideran establecidas tienen en sus manos el voto y lo van a usar como arma en las elecciones de mayo. Orientarán el sufragio de sus fieles a favor de este y en contra de aquel, de manera que las posiciones electivas sean ocupadas por políticos de su conveniencia. Sin embargo, en estos días aparece una especie de contrarreforma. Evangélicos que recuerdan a Jesús haciendo una distinción que fue por mucho tiempo palabra de Dios, pero que se olvida en la coyuntura. Dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. No quieren meterse en la contienda electoral, y menos que se manipule la fe con propósitos políticos. Aunque se suponen pequeños grupos, reclaman en documento público el 75 % de la población evangélica. No serán un marrón en el sancocho, pero si queda claro que fuerzas políticas maniobran desde la oscuridad...
Por Orlando Gil ;-
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