jueves, 29 de octubre de 2015

Conflictos internos en PRM


Por Orlando Gil ;--
EL AUTOR.- De la nota que incluí en la entrega de ayer es Jorge Lendeborg, consultor político y director de Marketing Electoral, y quien tiene la experiencia de haber trabajado con Hipólito Mejía y Miguel Vargas. Con cada uno en su momento. Esto es, que conoce a los perredeístas y a los perremeístas por dentro...
LO FATÍDICO.- Estuve diciendo por meses que había problemas entre los seguidores de Hipólito Mejía y Luis Abinader, que las convocatorias de los jueves en La Loma solo servían de desahogo y que a Mejía le faltaba kleenex para secar las lágrimas de sus llorosos partidarios. Que en cada oportunidad se aguantaba las ganas y hacía de tripas corazón para no desencadenar el movimiento natural de alejamiento. Sin embargo, se conoció la revuelta de Nueva York y Nueva Jersey y ahora la rebelión de San Francisco de Macorís, la cual había adelantado. Luis Ernesto Camilo quemó las naves, y dicen que con toda la razón del mundo. La gente de Abinader no concilia y quiere tomarse por arrebato todas las posiciones de importancia, en la campaña y en las elecciones. Mejía perdió, y los suyos deben morder el polvo de la derrota y ponerse al final de la fila, por si acaso queda algo y les toca. Más o menos ese es el discurso...

FUERA DE CASA.- Las dificultades no solo se dan en el orden de las titularidades, aspiraciones y candidaturas, sino  también respecto a  las posiciones a asumirse públicamente. El “exhaustivo análisis” del Proyecto de Presupuesto y Ley de Gastos Públicos no fue obra de los economistas del PRM, o por lo menos no de manera institucional. Incluso, se comenta que la Comisión Económica del partido lo rechazó, y que no obstante, Luis Abinader siguió adelante e hizo la presentación pública y luego envió el documento al Palacio Nacional, con una delegación y una carta suya, personal, al presidente Danilo Medina. Abinader siendo Abinader. Arturo Martínez Moya habría sido desconocido en su condición de encargado del área económica del PRM. Y aunque no ha hablado del caso, dicen que está a la espera de que Hipólito Mejía regrese de su viaje por Europa para confesar su disgusto. Mejía estaría retornando al país el próximo domingo, y ojalá que lo haga bien descansado, pues les esperan jornadas agobiantes. No será fácil lograr que sus seguidores cojan cabeza...
EL OTRO MICKY.- El chisme va más allá de lo episódico, pues ahora se tiene que cuando Luis Abinader, en su carta al presidente Danilo Medina, habla del “equipo técnico que nos acompaña en nuestra candidatura a la Presidencia de la República”, se refiere, nada más y nada menos, que Miguel Ceara Hatton, a quien se atribuye la autoría del documento y que por igual fue parte de la delegación que lo llevó al Palacio Nacional. “Esos celos que me matan”, cantaría Camilo Sesto. Solo hay que suponer lo que significarán estas disputas por  principalía, y como deberán sentirse los economistas del PRM, que eran los mismos del PRD, ante la importancia que cada día toma un extraño. Abinader tiene un economista de almohada, y duele y solivianta el ánimo que sea uno que no lleva mucho tiempo guayando la yuca el que se coma el mejor casabe. Decían en un tiempo que de la reunión de tres economistas salían tres escuelas económicas. ¿Qué entonces de una conjura de  economistas? Los hombres de campaña, afirmó en una ocasión Kissinger, no son los hombres del gobierno. Eso será por allá, pero aquí nadie cree eso...
CONSPIRACIÓN.- Los cabezas calientes entre los seguidores de Hipólito Mejía piensan de un tiempo acá, y ahora creen comprobarlo, que hay una conspiración contra el expresidente Mejía igual a la que quitó del medio a Leonel Fernández. Incluso que serían las mismas razones. No puede haber dos gallos en un mismo gallinero, o que el espacio que ocupa uno, disminuye el de otro. No importa si Luis Abinader forma parte del propósito, pues las fuerzas de la dialéctica se imponen solas y a los hombres no les queda en ocasiones más que ser  juguetes de las circunstancias. La teoría de matar al padre, ahora sería matar al Papá. Mejía es hombre del campo, y conoce la psicología del monte, y sabe que conviene mantenerse como la guinea tuerta: bronco. Desde antes de la “convención” rehúye la pelea, y se tiró al piso del cuadrilátero, como púgil derrumbado, sin que nadie sonara la campana. Y como dicen en la calle, lo poco agrada, lo mucho enfada. A veces el líder, si quiere seguir siéndolo, asume el encono de sus partidarios, y eso podría llegar a pasar...