lunes, 29 de junio de 2015

No es la primera vez que se habla de la cuestión haitiana

LO PRIMERO.- Decían que lo mucho hasta Dios lo veía, y que de tanto ir el cántaro al río, un día se rompió. Pero eran decires de la gente, y en lengua castiza por demás. Ahora, sorprendentemente, se revelan como verdades de a puño. Quisieron satanizar el fallo, la ley, el reglamento, el plan y el operativo, de una manera tan absurda, que no pudieron controlar el rebote. No encestaron ni consiguieron anotar puntos. Que Junot Díaz aclaró, y que fue una grave injusticia poner en su boca palabras o consideraciones que no hizo. Nada nuevo, tampoco. Desde tiempos inmemoriales se equivoca el periodista, nunca el personaje. Simple la fórmula: donde dije digo, pongo Diego, y problema resuelto. Sin embargo, no es tan fácil la cosa. Lo primero es que los dominicanos de la isla no son culpables de nada, pues las incidencias de la reunión de escritores de Miami llegaron como llega todo: diferentes vías y diversos medios. Díaz cree que en República Dominicana hay una dictadura, y la verdad que --a pesar de los gobiernos peledeístas-- todavía no...
LO SEGUNDO.- Fue Junot Díaz, y no dominicanos de la isla, que asistió a una reunión de escritores en Miami, cuya agenda conocía. Sabía que en ese encuentro de activistas de la causa haitiana no iba a celebrarse la hazaña de Alex Rodríguez de conectar 3000 hits, y Miami tiene mucho que ver con la vida y el desarrollo de este pelotero dominicano. Él conocía de antemano que iba a condenarse el Plan Nacional de Regularización, de manera que lo que se hablara en ese encuentro era de su incumbencia. Lo que dijo o no dijo, poco importa. Importa lo que se dijo, con su presencia, anuencia y complicidad. Como norteamericano de adopción, y ahora   figura pública, no ignora los parámetros de la prensa estadounidense. La personalidad interesa más que el hecho, y en ese foro, por su condición de descendiente de dominicanos, o el renombre de ganador de Pulitzer, era el contertulio o expositor más relevante. Si no, pasa desapercibido, y nadie lo menciona. Pero dicen que estaba en la mesa principal...
LO TERCERO.- Junot Díaz tiene antecedentes. No es la primera vez que habla de la cuestión haitiana, y tal vez valga citar un comunicado o carta pública que firmara conjuntamente con la dominicana Julia Álvarez y la haitiana Edwidge Danticat, dos inmigrantes al igual que él. Entonces, así como se le premió por su novela La Maravillosa Vida Breve de Oscar Wao, también debe reconocérsele por su coherencia. Nunca perteneció al bando de Vinicio Castillo, sea el padre o el hijo, sino al grupo de Juan Bolívar Díaz, a quien menciona en su disculpa o expiación públicas. Solo que en la ocasión no fue orientado debidamente, y dijo o permitió que se dijera en su presencia que en el país había campos de concentración o que la gente vivía aterrada, e incluso en clandestinidad. Eso por lo menos fue lo que llegó aquí, y la reacción de los dominicanos de la isla fue del tamaño del agravio. Díaz, el novelista, debe pedir cuentas allá, pues o las culpas son suyas, o de quienes lo acompañaron, o de la prensa que reseñó la actividad...
LO CUARTO.- Importante es que Dios, que andaba entretenido en otras cosas, advirtió el gazapo, y actuó como suele hacerlo: poniendo casa cosa en su lugar, pues se dio cuenta de que en la mesa había ronÖ, y que la borrachera era grande, pero ya no de inconsciencia, sino de perversidad. Fue demasiado, y lo mucho, como se dice, hasta Dios lo ve. Igual, se quiso secar el río, y tantas veces con el mismo cántaro, que este se rompió en múltiples pedazos y se hace difícil pegarlos. Los dominicanos, que no se atrevían a reaccionar como demandaba la circunstancia, al leer u oír los últimos absurdos, no se pudieron aguantar. Apostrofaron a Junot Díaz de todas las maneras posibles, y al enterarse, al sentirse hiena herida, transigió. Ahora acepta que las autoridades hagan lo que están haciendo, y solo les pide el buen trato que es norma en el actual proceso. O sea, que nada nuevo. Aprendió a dar disculpa, y ahora sabrá lo que escribió y le ganó un Pulitzer: Que toda vida maravillosa es breve...
Por Orlando Gil ;-