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lunes, noviembre 11, 2019

Están juchando al pueblo

En varios puntos de América se sienten convulsiones contra gobiernos. Los temas e intensidad varían, pero lo común es la participación popular. Esos malestares son como el parto que involucran dolor y la sangre de lo nuevo. En nuestro país parece que la sinrazón busca el rompimiento de la paciencia y también se desborden las pasiones.
El gobierno ejerce un poder férreo, estrangula los espacios de oposición y usa los recursos del Estado para comprar aplausos. Los vendidos defienden a sangre y fuego sus canonjías. Son letrados que sirven al despropósito que va tomando cuerpo.
Poco a poco quiebran la prensa y los periodistas independientes tienen que recurrir a las redes, medios aún sofisticados para el gran público. Estamos en el inicio de una dictadura moderna que vende como verdad absoluta que el gobierno es omnipotente, que penetra todos los espacios y espía a los ciudadanos con más descaro que la tiranía de Trujillo, atropellando los derechos fundamentales y ahogando la disensión. El reciente fraude en las pasadas elecciones primarias parece confirmar que hace y deshace a su antojo. Hasta el organizador de las elecciones luce prosternado.
Este gobierno usa la justicia protegiendo a los propios, aunque sean señalados delincuentes. Aquí se cumple que los poderosos rompen la red que debía atraparlos. En tanto, los congresistas legislan en un mercado donde una mano aprueba mientras la otra recibe el soborno. Ya es solo uno el poder del Estado. Estamos en una peligrosa situación.
El gobierno ha destruido el progreso institucional.
La economía avisa que la crisis está al doblar la esquina. Vamos mal.
Por Alfredo Freites ;-
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