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sábado, octubre 27, 2018

PLD e incógnitas

La controversial Ley de Partidos, cuya demostración de las violaciones constitucionales que encierra y las correcciones que amerita hacerle están pendientes, ha venido a levantar todo un avispero político, a estimular la división en las organizaciones partidarias y a oficializar la privación de los derechos de la mayoría de sus integrantes. En pocas palabras, y cual traje a la medida de los que tienen el control en los partidos, con lo aprobado sin escuchar advertencias ni reclamos de los más diversos sectores sociales del país, se han fortalecido las acostumbradas prácticas y jugadas de las cúpulas partidarias, haciéndole un flaco servicio a la democracia.
Pese a los largos años de espera y de reclamos, lo mismo que con la desfasada pieza que rige el sistema electoral, la disposición de marras se perfila como una ley dañina, perjudicial para la vida de las organizaciones político-partidarias, que si se tratase de una medicina, vendría a ser peor que la enfermedad. Se puede medir por el revuelo, trastornos y la incertidumbre ocasionados al interior de las organizaciones, con la invalidación de sus estatutos y el poner en manos de otros -como del órgano electoral-, derechos y facultades que la Constitución no les asigna, como el organizar los eventos para escoger a candidatos y directivos, algo muy  propio de la libertad de asociación  que tienen  los entes privados. Aunque aplique para todos, la primera organización impactada por los efectos de la recién aprobada Ley de Partidos es el PLD gobernante, cuyo Comité Central se reúne hoy en un ambiente rodeado de incógnitas, de incertidumbre y sospechas diversas con respecto a lo que pueda ser aprobado allí o cuan en peligro pueda ser puesta la unidad que siempre ha tenido como carta de triunfo el partido fundado por Bosch. En el PLD las bases solo servían para ser pisadas -como en pelota-, pero Leonel y Reinaldo las pusieron a “desahogarse” por dos días, aunque un legislador -en provocación innecesaria-, dijo que el ejercicio de los dos altos directivos no era “vinculante” (¿).
De otro lado, como al evento del CC se va sin todo dominio de reglas de juego, de atribuciones y de los límites para los actores, pudieran algunos extralimitarse, recibir daños en su imagen y correr el riesgo de invalidarse para  eventos superiores, como es el caso de la JCE, que sin quererlo -y su titular lo advirtió a tiempo- la han puesto a organizar eventos partidarios en los que, por mandato de la Constitución, solo debía enviar representantes para observar y certificar. Y ojo con el “centralismo democrático”, porque mayoría no es el CP ni el CC, sino todo el PLD, con el grueso en la base.
Por Luis Encarnación Pimentel ;-
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