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lunes, septiembre 24, 2018

Complejidad en 2020

UNO- COMPLEJIDAD, PERO DISTINTA.- Se planteó desde el principio, cuando nada era cierto y todo evento, que las elecciones del 2020 serían complejas. En apariencia siguen siendo complejas, aunque las razones podrían ser diferentes a las mencionadas en los inicios. Incluso en un momento y en otro habría de considerarse el temperamento del dominicano, mucho más cuando actúa en política. La complejidad sería por la realización de dos consultas en un mismo año y en fechas cercanas.
No enero y diciembre, sino febrero y mayo.
En un tiempo se celebraban todas en un mismo día, y eso provocaba un efecto arrastre. Las candidaturas mayores cargaban las menores, y eso impedía un escrutinio verdadero, un discernimiento apropiado y que se desarrollaran liderazgos locales. Entonces se decidió y se consignó que fueran cada dos años, y las congresuales y municipales, al ser consultas de medio tiempo, se convertían en mecanismo efectivo de control. Era una prueba, un examen, si se quiere adelantado, pero que favorecía tanto al gobierno como a la oposición, pues no tenían que confiarse en encuestas ni al equívoco de percepciones interesadas. El electorado dejaba claro si estaba con el gobierno o con la oposición, y cada cual, con conocimiento de causa, procedía en consecuencia...
DOS- CAMBIO DE FICHA Y JUEGO.- La gente no se da cuenta, y con ese espíritu de borrego, tampoco le importa ni se resiste al juego que le imponen cada vez que hay elecciones. Se las juntan, o separan, y las vuelven a juntar, o separan por meses y no por años. En la reforma constitucional de 1994 se decidió que los colegios fueran cerrados, que los hombres votaran en horarios diferentes a las mujeres, una acción machista que nadie protestó entonces, aunque si se dejó sin efecto más tarde al comprobarse que el orden de los factores no alteraba el resultado.
El voto preferencial fue otro invento, y de administrativo en principio, se estableció por ley y por decisión, no de la Junta Central Electoral, sino de los propios partidos. Los cuales – en su locura o envanecimiento – aprobaron aplicar dicha modalidad a los regidores. Ahora no se sabe en qué parará este asunto, pero sí está claro que quieren apearse de ese caballo. Los partidos en sí, pero sobre todo la Junta Central Electoral quisiera que la libraran de ese trance. Esa preferencia no haría complejo el proceso, peor: lo haría difícil, y dicen que hasta imposible, pues el contar sería eterno y el Tribunal Superior Electoral no daría abasto con los recursos que por eso motivo necesitarían de su arbitraje...
TRES- ANTES COMPLEJO, AHORA COMPLICADO.- Lo que en principio se consideró complejo, ahora podría ser complicado, o por elementos que se agregarán o que proveerá la circunstancia.
Se suponía que los tiempos difíciles serían febrero y mayo, las fechas de las elecciones. Sin embargo, antes de llegar a febrero y a mayo se producirán situaciones que la Junta Central Electoral tendrá que afrontar, como serían las primarias o el registro de candidatos. El papel de espectadora o de árbitro en los procesos internos será cambiado si la Ley de Partidos llega a aplicarse como fue aprobada. Antes era que no había normas, y a falta de una reglamentación clara, con el embudo se resolvían las dificultades. Las dificultades ahora serán del organismo y lo que deje mal o quede mal se lo cobraran en las nacionales, sean de febrero o mayo. La JCE no tiene medios ni puede intervenir en la vida interior de los partidos, pero si conociera el ánimo y el clima respecto a las aspiraciones sabría que no hay forma de salir con bien. Antes que debatir entre sí, los candidatos que se sintieran burlados, y serían casi todos, la emprenderían contra la organizadora y no el partido madre. No es lo mismo supervisar que organizar. No es igual dar un informe que un resultado. Las primarias son un mecanismo democrático de elección, pero los políticos, aunque no lo digan, las consideran un mal engendro...
CUATRO- LA ALEVOSÍA DE FUERA.- En la competencia interna de los partidos podrían originarse situaciones inéditas, viendo las influencias de las redes o la intervención de sectores particulares. Ninguna manifestación social o política se produce como hecho aislado, propio, ajeno a los demás. Ahora a tanta gente le tienen el agua puesta o anda con la soga a rastras, que los mayores peligros provendrían de fuera. Lo que un aspirante interno no se atreva por escrúpulo o pudor contra su adversario, para descalificarlo, podría hacerlo un tercero. Tal vez no por vía directa, como sucede en los escrutinios de las altas cortes, pero sí por medios oficiosos, como serían las modalidades de Internet. Habría que ver cómo reaccionaría un partido ante el agravio u ofensa -- con base -- a uno de sus postulados. O la Junta Central Electoral. Los expedientes de redes son tan exhaustivos, abundan tanto en detalles, que no es fácil librarse del estigma, de la mancha. Si el artículo de la Ley de Partidos que prohíbe ensañarse contra candidatos fuera eliminado, como se pretende con acciones ante el Tribunal Constitucional, muchas cañerías serán dañadas y la fama de mucha gente podría andar como agua sucia por las calles. Los partidos generalmente se hacen los suecos cuando se cuestiona a uno de sus dirigentes, o miembros, o candidatos. Dejan que la afrenta se disuelva sola. Ahora podría ser diferente...  
Por Orlando Gil ;-
orlandogil@claro.net.do

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