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miércoles, agosto 22, 2018

¡No es Leonel, es la Constitución!

Estigmatizaron a Balaguer por la referencia que hizo de que “alguien” en América Latina dijo: “La Constitución es un simple pedazo de papel…”, y tuvo que pagar caro la cita: lo forzaron a cambiarla en 1994 para que le perjudicara, pero la Historia a la callada se venga: a modificarlo todo para que todo siguiera igual. Puro gatopardismo lampedusiano de la más pura esencia. ¡Ahí son constitucionalistas!”, exigen y hasta pelean por la Constitución. Por ello hubo una guerra civil que provocó una intervención armada norteamericana, pero, ¡qué ironía!, si la defendemos, si la invocamos para rendirle respeto al Estado Social de Derecho, se derivan por la apelación pragmática y politiquera del beneficio particular. Adversarios políticos de Leonel y cierta oposición pancista y acomodaticia no aceptan ganancia conceptual ante ello.
Mezquindad probada. Cuando nos conviene la ley peleamos por ella; luego también la debilitamos por conveniencia con los argumentos más torticeros. Así ha sido, destruir la institucionalidad utilizando en su provecho el clima de desestabilización causado. La confusión creada con imponer una Ley de Partidos para disfrazar bajo un lenguaje democrático un proceso de destrucción de la convivencia interna de los partidos, es realmente penosa. Leonel se ha posicionado en el eje de la constitucionalidad y recibe el vapuleo constante, la indiferencia desdeñosa de ciertos sectores (obcecados en la ensoñación de sacar el PLD del poder) que se han juntado con la enojada hostilidad de políticos resentidos y envidiosos hasta de su propio partido. Concederle legalidad a lo ilegal es una concesión estrafalaria que no es ético ni decente a un político serio; además, gente que se dedica con calidad a esos temas ha estado expresando su malestar. Todo hace pensar que a fin de cuentas solo los militantes de los partidos y la Junta Central Electoral sucumbirán. Decisiones defendidas como arsenal constitucional, presentadas con corajuda defensa del partidismo y liderazgo nacionales, solo se oponen oportunistas intransigentes dispuestos a hacerle el juego al desorden institucional.
Jugando a la ebriedad de una conjunción de fuerzas políticas que produce delirio y que ante ¿Constitución o caos?: caos, la personalidad política de Leonel Fernández no encaja ahí, y en un momento de convergencia anticonstitucionalista, tan infrecuente y cuya novedad aún resulta difícil de valorar; que entre la inestabilidad y la estabilidad han escogido la primera, Fernández es el defensor de la estructura conceptual de la Constitución porque la oposición está postrada sin entender que la Constitución es el diseño democrático y el explícito amparo para que desde el poder no se atente contra ella. La ley aprobada habría que describirla en “blanco y negro”, añadiendo el razonamiento de “con el poder o contra el poder”; se trata además, y sobre todo, de que invocando la necesidad se convierten en propiciadores de una ley incumplible y hasta en violadores de la Constitución. No se puede sucumbir a un ataque de hipocresía, y Fernández pienso es consciente de ello. Esta ley no puede entregarse a un órgano público en esas condiciones. La JCE tiene hoy más razones para no prestarse a ser arrullada y que le conduzcan a adormecerse por gravísimos errores a los cuales había que sumarle este nuevo
Por Manuel Fermín ;-
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