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viernes, agosto 31, 2018

Las “firmas” de Leonel

Todo gobierno tiene oposición.  Hay opositores más asequibles, más comprensibles sobre el programa de acciones y ejercicios a emprender contra quien gobierna, desde luego, según su nivel de liderazgo y su capacidad de convocatoria.  A veces conviene apostar por adversarios de esa categoría y para ello sólo se necesita el respeto mutuo, y si fuere necesario, pedir la ayuda u opinión de amigos o conocidos o de funcionarios políticos sobre quiénes merecen su confianza de opositor constructivo y no desconstructivo, intercambiando ideas o experiencias. 
Es decir, lograr el interlocutor ideal o el más prudente posible es tarea que requiere mucha fortaleza mental, además, asumir que el esfuerzo, pese al buen gobierno que se lleva a cabo, también puede terminar en un sacrificio sin frutos cuando más que trabajar busca arrollar y arrullar al contrario, socavarle su propia estructura. Si ese es el objetivo final del Gobierno, a corto y a mediano plazo, el modelo de valoración de los gobernados, de los dependientes le conduce a una estrategia de crear toda una mayoría para la desconstrucción de la estructura conceptual de la oposición y la Constitución.  Así se completa la obra: arrollo y arrullo.
 ¿Es la forma preferida por el sector oficial o corriente política del Presidente para tratar de canalizar el proyecto de reforma de la Constitución para la repostulación presidencial con el menor obstáculo posible?.  Es una obviedad. Si los adversarios lo piensan fríamente podrían explorar el futuro inmediato del danilismo: viene proporcionando valiosa información del futuro objetivo: a) hacer la Reforma por vía del Referéndum Consultivo; b) apostar por un candidato que no sea Leonel, y c) ¡imposible pensarlo!: evitar que Leonel gane las elecciones. Sobre el referéndum es un cambio tan drástico que nos deja sorprendidos porque en 2016 no aceptaba esa obligación.
Pero insisto, y es cierto: tantas fotos y publicidad; entrega del patrimonio inmobiliario estatal, un presidente domiciliado en el campo, el impulso social de “su obra”, en fin, tanto esfuerzo no es para el retiro o el endoso, y sus más íntimos razonarán: domesticada la oposición y creyéndose “aplastar” a Leonel, ¡ganar el referéndum sería tarea fácil!. Sin embargo, el encono por la Reforma (¿?); más, la base social de Fernández (tres períodos presidenciales), y todavía más: consciente Leonel que los limbos políticos concitan un apoyo declinante, le otorga prioridad a la mayor representación, entendiéndose esta circunstancia particular como más importante que fundamentar derechos.   Por ello se domicilia en pueblo y militancia, y lo busca con voluntad y números por vía de la legitimación de la incondicionalidad jurada de las firmas para evitar que sean inducidos a obstaculizar la armonización.  Es verdad que el derecho está justificado (Leonel no tiene impedimento, el Presidente sí), tanto da que lo reclame el propio Fernández como dos millones de firmas, pero es innegable que éstas constituyen un antemural, una defensa estratégica que impedirá una modificación sectaria de los mandos de decisión y control constitucionales influencia.  Desde luego, siempre facilitando el diálogo, contrariamente a otros que en el debate político, lamentablemente, lo que más intercambian los actores antagónicos son insultos, lo que favorece la polarización.  Estas decisiones tienen muchas lecturas.  Conviene que no escojan la que incrementaría la discordia que agravaría la batalla.  ¡Recordad!: las crisis no se corrigen, se evitan.
Por Manuel Fermín ;-
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