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miércoles, 4 de julio de 2018

‘Muertos de miedo’

A mis 68 años de edad, 50 de ellos de trabajo ininterrumpido en el periodismo, no son muchas las cosas que me impresionan, que me asombran, que me aturden. Pero debo confesar que estoy atormentado, aturdido, al leer casi a diario cómo jovencitos, a veces apenas de 15 o 16 años y que generalmente no pasan de los 22, le quitan la vida a una persona -no importa si es hombre, mujer, niño o anciano- para robarle un celular, una cartera, un motor o por ‘celos’.  La magistral serie de artículos, que bajo el título ‘Una sociedad en apuros’, publicara Listín Diario a lo largo de la semana pasada, presenta la cruda realidad que vivimos.
Los enunciados de los siete reportajes de Listín lo dicen todo: ‘Mujeres bajo el asedio de asaltantes, son las presas más fáciles’; ‘Disminuye la confianza de la población en  fuerzas policiales y militares’;  ‘Dos mil homicidios por año en la última década’; ‘Un manto de pesimismo envuelve sociedad’;  ‘Videos juegos, celulares, hookah y estimulantes’; ‘Las adicciones y dependencias cada vez más presentes en la sociedad dominicana’; ‘Se desencaja la familia, divorcios, feminicidios y delitos sexuales laceran el hogar’.
Vivimos días terribles, llenos de ansiedad por el temor que nos embarga a padres, esposos, hijos, parientes, amigos, vecinos, cuando salen a las calles, a sus centros de labores, cuando transitan en vehículos o a pie, cuando acuden a algún lugar de diversión o a hacer alguna diligencia y hasta cuando se quedan en el hogar. Los ladrones, los asaltantes, los asesinos no temen ni respetan a la policía ni a la guardia, quienes son, además, sus presas para robarles las armas con las que luego agreden a la población. No respetan siquiera que en el entorno de sus víctimas haya alguna autoridad. La gente no confía en nadie, ni siquiera -y a veces menos- en la presencia de una patrulla policial o militar, porque en muchas de las bandas aparece alguno involucrado. Un episodio que me ocurriera hace unos días me da pie a lo que les comparto: acudí con uno de mis hijos al local de Casa San Pablo --un gran auditorio que irradia respeto, orden, convivenciaó para el acto de entrega de honores y de notas del año escolar finalizado. A casa llena el gran salón, entre la alegría de los estudiantes y la camaradería de padres orgullosos de sus hijos. Todo un ambiente familiar y amigable. Resultado de un reporte informativo interno en los chats de madres y del colegio se reportaba que gran cantidad de carteras, monederos, celulares, dinero, fueron robados a los presentes por bandoleros que se mezclaron entre los asistentes a los que hicieron sus víctimas en las aglomeraciones en torno a las mesas de entrega de notas. Yo fui víctima. Me robaron el dinero de uno de los bolsillos delanteros de mi pantalón. Sentí rabia, impotencia y gran molestia. Un amigo, como consuelo me dijo “y por suerte que no fue en la calle, que te dieran un tiro o te acuchillaran”.
Por Ruddy L. González ;-
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