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sábado, 26 de mayo de 2018

La nueva guerra fría

LA REACCIÓN.- El gobierno dominicano se enteró del disgusto de su homólogo norteamericano cuando funcionarios del Departamento de Estado dejaron de tomar el teléfono a personal de la embajada en Washington. Entonces hubo intento de, cumpliendo con el protocolo, hacer una cita directa, de presentarse a la sede, y tampoco. Nada de nada: suspendida toda comunicación. El caso aparentaba grave, y más para neófitos en estos trances y asuntos. Sin embargo, la cosa no era del otro mundo.
Era lo que en lenguaje de la diplomacia norteamericana se llama “poner en observación el estado de las relaciones”. No significa rompimiento, pero sí expresa enojo. El problema mayor fue que se produjo en un momento muy especial: la Semana Dominicana en Estados Unidos, una celebración que tiene lugar cada año, y a la que asisten importantes figuras del empresariado y altos cargos de la administración. El impasse, si puede llamarse de ese modo, frustró la actividad, ya que no se produjo la visita a dependencias de poder: Departamento de Estado, o de Comercio, e incluso la Casa Blanca, una costumbre de años. Casi una tradición. Además de que ningún oficial o agencia participó en los actos, aun cuando fueron formalmente invitados...
EL EFECTO.- El impasse (podría ponérsele comillas) entre el gobierno norteamericano y el dominicano, o entre el Departamento de Estado y la Cancillería, ocurrió en circunstancia preocupante. No solo afectó La Semana Dominicana en Estados Unidos, sino diligencias que     eran hechas al mismo tiempo y de gran importancia. La iniciativa agrícola de Donald Trump naufragó en el Congreso norteamericano, y entre las muchas razones se menciona que Paul Ryan ya no tiene las influencias de otros tiempos, mucho más que anunció que se retiraría de la vida pública. Esa ley interesa a los dominicanos, pues entre los renglones a considerar está el azúcar. Ya República Dominicana no es la gran productora, ni el ingreso por ese motivo es decisivo. La economía dominicana no se sustenta en postre. Sin embargo, conviene preservar la cuota, pues no solo beneficiaría a la industria local, sino igual al gobierno que se favorece con los impuestos. La delegación que fue a Washington con esos fines se encontró con la mala nueva de despachos cerrados, de instancias inaccesibles, y todo como consecuencia de la situación de enfriamiento de las relaciones entre República Dominicana y Estados Unidos de América. El cabildeo, tan necesario, se hizo difícil, por no decir imposible. El viaje se hizo en balde, y sin tener culpa la industria azucarera.
EL OTRO VIAJE.- El “impasse” entre los gobiernos dominicano y norteamericano pudo quedarse en el ámbito diplomático, en pura geopolítica. Juan Bosch calificó al Caribe de Frontera Imperial, y en cierto modo se vive en estos días un desbordamiento de esa frontera. América ya no es para los norteamericanos, como proclamaba la doctrina Monroe, pero sí quedan resabios, aunque sutiles, del garrote de Teodoro Roosevelt. Hablaba del azúcar, pero igual del acero. La nueva política de Trump sobre el acero afecta a República Dominicana, un gran exportador de varillas. Ese era otro aspecto a tratar y que tampoco se pudo por la actitud de encierro o de incomunicación de los responsables norteamericanos. Eso explica que el ministro de Relaciones Exteriores tuviera que ir rápidamente a Washington a dar la boca. Hasta ahora la boca, y cuidado, pues no se conoce del credo ni la mitad. Miguel Vargas se reunió con Thomas Shannon, y al final un comunicado dio a entender que se retornaba a la situación anterior de paños y manteles y no de mesa volteada. Aunque se sabe que Vargas y sus compañeros del PRD que fueron al homenaje a José Francisco Peña Gómez en la Cámara de Representantes, y que estaban supuestos a ir al juego de Los Nacionales de esa noche, no lo hicieron alegando mal tiempo.
¿RECOGIÉNDOSE?.- El mal tiempo que se entendió superado habría que esperar,  pues todavía quedan las lluvias, y los vientos en cualquier momento pueden convertirse en huracanados. La percepción que se tiene es que Estados Unidos reaccionó de la manera en que lo hizo por el establecimiento de relaciones de República Dominicana y China. Y sí, pero hay algo más. Un algo más que tal vez no se esté apreciando en su justa dimensión, o riesgo. El caso es China, pero más Venezuela. La nueva guerra fría necesita una Cuba, y Venezuela se presta a los fines. En el gobierno se celebra mucho la posibilidad de que República Dominicana acceda al Consejo de Seguridad, y todo porque se calcula que el empeño de antes ahora recibirá el impulso chino. Estados Unidos recela, pues entiende que ese voto estará al servicio de Venezuela. Existe un coro de acoso y derribo contra el país sudamericano, pero el gobierno dominicano se mantiene al margen. Como que ni fu ni fa, pero en el fondo más fa que fu. Por ejemplo, el presidente Danilo Medina declaró días atrás que el país no serviría de sede ni mediaría entre los venezolanos, y aunque se crea que no, esa renuencia tiene que ver con la reticencia norteamericana. No es que diera satisfacción, sino que se cuida de no echar más leña al fuego...
Por Orlando Gil ;-
orlandogil@claro.net.do

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