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miércoles, mayo 02, 2018

El cambio de rumbo

El peso gravitacional de China, en la economía y la geopolítica mundial, es una realidad que la República Dominicana no podía seguir soslayando en medio de las dinámicas del proceso de ampliación de sus relaciones internacionales.
El establecimiento formal de relaciones diplomáticas con la segunda mayor economía del mundo es un reconocimiento al poder magnético que China ejerce como potencial inversor y consumidor en cualquier zona del planeta.
Nuestro país, al margen de las formalidades de unas relaciones diplomáticas, mantuvo un intercambio comercial limitado que implicó compras y ventas por US$2,000 millones anuales, y las expectativas son de que esos valores aumenten significativamente ahora que se han eliminado las condicionalidades existentes.
Para llegar a este punto, la República Dominicana tuvo que sacrificar sus relaciones diplomáticas con Taiwán, amistosas y fructíferas, sostenidas por casi 70 años, que dejan una huella imborrable en los campos de la agricultura, la salud, la cultura, la educación, la tecnología y la seguridad ciudadana.
Los imperativos de ensanchar el comercio exterior con más exportaciones de productos y manufacturas obligan a la República Dominicana a entroncarse con un nuevo socio comercial, procurando atraer no solo inversiones en infraestructuras, energía e industrias, sino los impresionantes flujos turísticos que China genera cada año para el resto del mundo.
Columbrando las posibilidades de sacar más provecho a las demandas del gigante mundial que concentra una población de más de 1,300 millones de ciudadanos, otros países han asumido también esta visión ecléctica de la globalización y han formalizado relaciones diplomáticas con China, en desmedro de los vínculos de larga data que mantuvieron con Taiwán.
En la medida en que se descompone el cuadro de aliados de Taiwán, cada vez más reducido a un puñado de países, la moderna y pujante nación creada por Chiang Kay-Shek, el expresidente expulsado por las fuerzas revolucionarias de Mao Tse Tung, y la República Popular China avanzan en sus esfuerzos por crear el modelo de una sola China, que es lo que acaba de endosar la República Dominicana al dar este paso histórico.
Tomado del editorial de
El cambio de rumbode la fecha
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