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miércoles, abril 04, 2018

¡Qué vivan los venezolanos!

Los vínculos históricos entre dominicanos y venezolanos rebozan los tiempos. El flujo de allá para acá y de aquí para allá tienen colores de patriotismo que han mezclado en gestas de sangre. Las crisis políticas han sido una marea cuya resaca ha llevado a las costas de ambas naciones muchos de sus nacionales. Ha sido un intercambio constante.
Actualmente muchos venezolanos, que son exiliados económicos, están en tránsito en República Dominicana.
Las dificultades internas los obligan a buscar nuevos horizontes. Son migrantes cuya desesperada situación los obliga a tomar empleos de ínfimos salarios.
Los que llegan son principalmente jóvenes profesionales, no obreros de la construcción ni la agricultura, pero tienen que tomar labores de camareros o lo que aparezca. Son personas que vienen a trabajar para mantenerse e incluso enviarles a sus familiares.
Hay venezolanos de mala vida, pero la mayoría son personas de buenas costumbres. No se pueden meter todos en un saco. Si bien es cierto que las carencias de los postulantes conducen a que los empleadores devalúen la calidad de la oferta, también hay que tomar en consideración que la desesperación es mala ayuda.
Creo que la migración de venezolanos no afecta nuestra soberanía. Es más, estoy convencido que, con un cambio de situación económica en su patria, retornarán.
En los años siguientes a la muerte de Trujillo muchos jóvenes de clase media se marcharon hacia New York. Fue una hemorragia. Luego ocurrió lo mismo en el gobierno de Joaquín Balaguer, pero hacia Miami. La puerta migratoria estaba abierta y muchos tomaron otros destinos y se incrementaron los viajes ilegales a Puerto Rico.
Dominicanos he visto en muchos países   convertidos en remesadores. Actualmente una gran cantidad de los dólares que se inyectan a la economía son resultados de la generosidad de nuestros exiliados económicos.
Al juzgar debemos ser justos. Los nuestros también se exilian.
Los venezolanos han entregado su sangre en acciones que van desde la Independencia hasta las guerras patrióticas dominicanas. No podemos medir a todos los migrantes con la misma vara. Con los hijos de Simón Bolívar hay un vínculo especial que no debe olvidarse. Tenemos que ser agradecidos.
Sin embargo, aunque respeto y admiro a los venezolanos que mal pasan aquí para aliviar los pesares de sus familiares, debo decir que los justo y correcto es que se haga cumplir una política migratoria excepcional, como hacen los norteamericanos.
Por Alfredo Freites ;-
alfredofreitesc@gmail.com

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