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martes, 10 de abril de 2018

“Nos cogió lo tarde”

Unos 411 haitianos, con documentos y visados, entran diariamente a Chile por la vía aérea, poniendo de relieve las reales dinámicas de un éxodo que confirma que Haití, como nación y como Estado, ha colapsado.
 Su gente huye hacia otros lugares, más que nada hacia acá, hacia nuestro país, por lo fácil que es acceder a través de una frontera sin trabas ni control militar ni migratorio eficaz.
El hecho de que la emigración se masifique entre personas que pueden costear un vuelo de diez horas, previo pago de visados en dólares, da base a la percepción de que Haití ya no resulta ni siquiera habitable para quienes tienen algo con qué vivir mejor que los que están en el subsuelo de la pobreza.
 Pese a que los ilegales que entran por la frontera son los más depauperados, aun así han tenido que buscársela para pagar de 5,000 pesos en adelante a los coyotes que los trafican. Esa misma suma, se dice, es la que pagan las embarazadas haitianas que vienen a las maternidades dominicanas a dar a luz gratuitamente.
 Chile, que ha experimentado un inusitado crecimiento de la emigración haitiana con ciudadanos que poseen documentos de identidad y visas o permisos de residencia temporal, está compelido ahora a modificar su ley de migración para hacerle frente a este fenómeno, antes de que se le vaya de las manos, como sucedió aquí.
 El presidente Sebastián Piñera ha propuesto abrir un proceso especial de regularización para los haitianos y venezolanos que están entrando en masa en Chile y que “vengan a aportar a nuestro desarrollo”, pero advirtió que les cerrará las puertas “a los que pretenden entrar ilegalmente, cometer delitos o causar daño a los chilenos”.
 En nuestro caso, el problema se sigue agravando en la medida en que Haití profundiza su declive. Ya no tenemos varitas mágicas aquí ni fórmulas viables (pacíficas y humanitarias) para frenar ese éxodo. Por años la sociedad se mantuvo pasiva, indiferente e indolente ante la amenaza que engendraba esta fuga masiva de gente desesperada por encontrar una mejor vida, pero se cruzó de brazos.
 Ahora que se sienten los estertores de ese drama no quedan palabras para el consuelo. Simplemente “nos cogió lo tarde”.
Tomado del editorial de
“Nos cogió lo tarde”
de la fecha
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