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sábado, febrero 17, 2018

El contubernio roto

Por años, el control direccional de las escuelas públicas ha dependido de la cúpula de la Asociación Dominicana de Profesores, que es la que lleva la voz cantante a la hora de ungir a los elegidos.
El poder de influencia se derrama a lo bajo de la pirámide y es por eso que gran parte de los nombramientos de profesores en todo el país llevan el sello de la élite gremial, con la que los ministros no quieren meterse.
Por el contrario, entran en un forzoso o inevitable contubernio con el sindicato, para economizarse problemas ulteriores.
Como los que han ocurrido este fin de semana en que el gremio magisterial decretó una huelga que dejó sin clases a millares de niños de clase media y pobre de la capital solo porque la ADP se opone a los concursos para la selección de los directores de escuelas y distritos escolares.
No quieren concurso, sino seguir controlando el movimiento de las fichas. Eso es lo insólito, porque se supone que mientras más democrático, transparente y competitivo sea el proceso de escoger a los directores, mayor garantía de profesionalidad y calidad tendrían las escuelas.
A ese concurso de oposición, donde se gana por méritos reales, no por mancuernas políticas ni sindicales, tienen derecho a participar todos los maestros. Pero la cúpula del gremio, increíblemente, pretende cerrarles el paso a sus socios al oponerse a ese tipo de selección.
Aquí hay sectores que reclaman transparencia y equidad, pero no la practican a la hora en que sus intereses parecen ser tocados por una política que pretende quebrar estos perniciosos actos de poder que les imponen a los gobiernos, tanto en el magisterio, en el transporte, en el campo de la medicina o de otros negocios, en sentido general.
Tomado del editorial de
El contubernio roto
de la fecha
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