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martes, 30 de enero de 2018

Las tentaciones de la Marcha Verde

EL DETALLE. Descartada la posibilidad de un golpe de Estado, o sea, de una ruptura violenta del orden constitucional, se trata entonces de convencer a los votantes de nuestros argumentos y propuestas para, una vez alcanzada la victoria electoral, aplicarlos desde el poder político. Pero primero, -si es que a ser demócratas y no golpistas vamos a jugar-, se trata de convencer al Soberano, y en lo de “convencer al soberano” para que nos vote está el detalle, la vaina, o sea.
En Democracia, así con mayúscula, uno no puede intentar obtener en una marcha de cualquier color, el apoyo que los electores libérrima y masivamente le negaron en las urnas, aun con todo lo inequitativos e irregulares que han sido los procesos electorales en nuestro país. Y si usted no es golpista, ya digo, entonces, no hay de otra que no sea revisar sus propuestas, sus estrategias, y sobre todo su conducta, revisarse uno, mirarse al espejo sin mentiras, cantarse uno mismo sus verdades. ¿Por qué tanto rechazo? ¿Por qué, incluso un excéntrico y alocado joven como Karim Abu Naba’a, imagina uno que por falta de oficio y salud mental, crea un movimiento político de vaineo, gadejo y puro relajo, se somete al escrutinio de los electores y obtiene más votos que Usted?
EL MANIFIESTO. Pero vayamos al Manifiesto de la concentración del movimiento Marcha Verde, que, más que un manifiesto a uno le parece un excelente programa de gobierno, una declaración de intenciones de lo que se haría institucionalmente de llegar al Palacio Nacional. Salvo el termocefálico, inconstitucional y disparatado exceso que habla de someter a un juicio político al Presidente de la República, pocos dominicanos objetan lo que plantea el documento, que reclama entre otras cosas, una Asamblea Constituyente para realizar “transformaciones constitucionales que garanticen un Poder Judicial, Ministerio Público y Cámara de Cuentas con plena independencia política, funcional y administrativa de todos los grupos políticos y económicos” (...) “implementar un efectivo sistema de carrera administrativa general, municipal y especial, que ponga fin y criminalice el uso del Estado como agencia de botellas, mantenimiento de aliados políticos, para dar paso a una institucionalidad concentrada en la prestación de servicios”, y la adopción de un nuevo régimen electoral y ley de partidos que garantice la participación democrática de la ciudadanía y la competencia electoral equitativa. Pero resulta que para realizar un Asamblea Constituyente y aprobar esas propuestas hay primero que ganar unas elecciones que permitan controlar el Congreso Nacional. Plantear la celebración de una Asamblea Constituyente sin la más mínima posibilidad de llevarla a cabo por los medios democráticos (las elecciones) es una peligrosa incitación a la ruptura del orden constitucional, cosa que muchos de los que apoyamos la Marcha Verde, no compartimos.
PARA PERFECTAS LAS DICTADURAS. La Marcha Verde ha sido el movimiento social que mayor apoyo ciudadano ha recibido desde las pobladas de indignación de abril de 1984. Pero es necesario que los fundadores del movimiento, -no los termocefálicos de la anarquía para la dictadura, ni los derrotados políticos que buscan en las calles lo que el pueblo les negó en las urnas, ya dije- resistan la tentación totalitaria de la incitación al caos, del incendiario discurso populista e irresponsable, que no analiza los hechos ni diseña estrategias desde la realidad ni desde los valores de la democracia, sino desde sus resentimientos y sus repetidos fracasos. Nuestra democracia es faltosa, gris y un poco puta, pero por ser democracia es sobre todo perfectible, mejorable, y a Dios las gracias, porque para perfectas las dictaduras.
DELINCUENTES DEL ODIO
La Marcha Verde debe seguir existiendo, creciendo y realizando su labor de presión y denuncia, y para ello debe contar con todos nosotros desde la humildad de “nuestros modestos esfuerzos”, pero debe salvarse de la incitación de aquellos que nunca han construido nada salvo el odio, el resentimiento y la inquina, oiga usted, que hay ladrones de bienes materiales como hay también delincuentes de odio, demasiado amantes del ocio. Para pescar tilapias, en la vida, en el periodismo, en la ingeniería, la abogacía y también en la política, hay que mojarse algo más que la espalda. Que no ceda la Marcha Verde a la tentación de los cínicos violentos que el fracaso y el pensamiento totalitario reúne para atentar contra la democracia. No se trata de hacer una revolución violenta para alcanzar la democracia, sino de fortalecer y mejorar la democracia para hacer una revolución social de ciudadanos por la justicia y la igualdad.
Por Pablo McKinney ;-
pablomckinney@gmail.com

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