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martes, 17 de octubre de 2017

Podredumbre

El asesinato del jurista y profesor Yuniol Ramírez Ferreras, muestra entresijos donde lo único que queda claro es que estamos ante una sociedad perversamente enferma, donde tanto el sentido de la proporción como el de la decencia, hace mucho que se perdieron.
Tomando como válidos los argumentos preliminares del Ministerio Público, y que tendrán que ser corroborados en la jurisdicción de juicio, nos encontramos ante un abominable cuadro de asesinato, corrupción y extorsión donde todas las  acciones y comportamientos imputados resultan deleznables.

En un estado de derecho nada justifica un asesinato, y el de Ramírez fue realizado con premeditación, saña y alevosía. Los perpetradores no actuaron a la libre y es obvio que como batuta de la macabra orquesta, el destituido director de la Oficina Metropolitana de Servicios de Autobuses (OMSA) tenía conocimiento de todo el soterrado que involucró como autores materiales a dos de sus asistentes y a su director financiero como brazo económico.
La extorsión que según la investigación hacía Ramírez a Rivas para no someterlo judicialmente, tampoco es descartable porque, y lamentablemente cierto, existen muchas personas y entidades que andan detrás de casos de corrupción (reales y supuestos) los que sustentan adecuadamente para luego, y aliados con sicarios mediáticos que les ayuden a presionar, buscar una negociación económica y repartir ganancias. Lo que sustenta esa hipótesis es que para someter a la justicia no hay que amenazar primero.
Solo que al margen de las motivaciones, todas perversas, de este tercer episodio de corrupción que en menos de un año salpica el gobierno, flotan los preocupantes indicios de corrupción existentes en la OMSA. Porque si como asegura la fiscalía, Manuel Rivas accedió a entregarle un millón de pesos  de los cuatro que acordó con Yuniol, lo hizo a conciencia de que el malogrado abogado tenía un caso que comprometía su responsabilidad penal.
Con la prontitud que le imprime ser el hombre más informado del país, el Presidente de la República hizo lo correcto y destituyó a Rivas a horas de haber sido apresado cuando regresaba de Panamá como parte de su coartada, pero la justicia tiene mucho que decirle al país sobre los detalles de este horrendo caso que muestra cuán degradada está la sociedad en su conjunto.
Por César Duvernay ;-