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lunes, 23 de octubre de 2017

La industria del chantaje

La sociedad dominicana ha quedado espantada por una práctica infame que opera impunemente: La industria del chantaje y la extorsión que utiliza denuncias y sometimientos contra funcionarios por supuestos o reales actos de corrupción y que monta campañas mediáticas en contra de políticos y empresarios al estilo de las peores mafias del mundo.
El sistema opera de la siguiente forma:
Personajes y figuras conocidas identifican alguna licitación o contrato para suplir bienes y servicios al Estado --preferiblemente en instituciones que hayan provocado “ruidos administrativos”--, y haciendo uso de las herramientas legales que obligan a la transparencia, se agencian datos e informaciones donde puedan encontrarse violaciones a las normas éticas para acudir a los medios de comunicación.
Lo hacen directamente o filtrando informaciones a sicarios mediáticos que les sirven de cómplices o a través de estercoleros con origen en las redes sociales… No lo revelan todo si no que “dejan caer” algunos datos y amenazan con más. En algunos casos de mayor envergadura, llevan los procesos a la justicia y someten penalmente a funcionarios o atacan en lo administrativo a las licitaciones o a las adquisiciones de bienes y servicios por parte de entidades públicas.
Pero la real intención de los denunciantes no es corregir entuertos o sancionar una inconducta. Lo que buscan son beneficios mercuriales y por eso, de la mano con la denuncia, se procuran acercamientos a través de terceros que les hacen saber al representante del interés afectado “que esa campaña se puede parar reuniéndose con fulano de tal, es decir, con el extorsionador que protagoniza la denuncia o la acción legal… Y si el funcionario o empresario accede al encuentro, ese fulano lo que pide es dinero, casi nunca para él, si no “para su equipo y la gente que está detrás de la denuncia”… …Es entonces cuando comienzan las negociaciones… Al principio, solicitan millones de pesos o cientos de miles de dólares, yipetas o carros de lujo de marcas y modelos específi cos a cambio de cesar en las denuncias o retirar cualquier recurso legal interpuesto… Los funcionarios o empresarios bajo sospecha buscan la forma de solventar el problema, y pagan para callar.
Otras víctimas --sólo para librarse de cualquier duda--, pagan sin necesariamente haber incurrido en acciones dolosas o éticamente cuestionables. Y lo hacen porque, producto del manejo que se le da al tema de la corrupción desde algunos medios de comunicación y en las redes sociales, prefieren honrar su moral antes de “caer en ciertas bocas capaces incluso de airear en medios de comunicación asuntos estrictamente personales y familiares”.
Hace ya muchos años que el tema de la corrupción se manipula políticamente y el ejercicio de la política se judicializa constantemente. Aquí se descalifican gobiernos, personas e instituciones de forma alegre y maliciosa buscando ventajas electorales, trampa en la que han caído los mismo políticos, conduciéndose unos a otros por un camino de descrédito y dando pábulo al surgimiento de esa industria del chantaje y la extorsión.
Algunos comunicadores hemos mantenido que quienes utilizan el tema de la corrupción para hacer política o desacreditar maliciosamente, no ayudan a combatir efectivamente la corrupción si no que, por el contrario, hacen daño y terminan creando los espacios para que se corrompa aún más la sociedad haciendo dinero con los peores métodos.
Por supuesto, ese tipo de chantaje ha generado mucha violencia en los últimos años. Nada, sin embargo, justifica ese tipo de violencia, menos aún cuando provoca acciones sangrientas con odio y alevosía. Por eso, cualquier persona involucrada en un asesinado debe responder a la sociedad y pagar su culpa con encierros prolongados, sin importar nivel socio-económico, estatura política o el alto cargo que desempeñe.
Pero también hay que tener cuidado con elevar a la condición de mártires a personas que no necesariamente han sido victimas de la denuncia responsable y vertical en contra de las desviaciones y perversidades que agobian a la sociedad dominicana… ¡… Porque esos también podrían considerarse parte de la podredumbre que rodea la corrupción en todas sus manifestaciones!
Por Oscar Medina ;-