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jueves, 19 de octubre de 2017

Bahamas se da a respetar

Bahamas ha anunciado su firme decisión de expulsar de su territorio a todos los extranjeros que se encuentran allí en situación irregular, un ejemplo elocuente de país que se da a respetar ante el mundo al reconocer la primacía de la ley migratoria.
Haití, en diferentes ocasiones, ha hecho lo propio, al impedir que extranjeros sin visado o indocumentados permanezcan en esa nación.
Y Cuba, al igual que otras islas de las Antillas Menores, también aplica con rigor sus leyes migratorias y no permite que extranjeros indocumentados las violen.
Otro ejemplo de país que se da a respetar en el ejercicio de su soberanía.
Pocos días atrás, el presidente de Francia, la nación que universalizó los principios de la libertad, igualdad y fraternidad, anunció que expulsará a los inmigrantes ilegales que hayan cometido un delito, motivado por el crimen perpetrado por un tunecino ilegal contra dos franceses en Marsella.
Bahamas ha sido todavía más dura, pues en su nueva ley de inmigración, aprobada el año pasado, prohibió conceder permisos o visados de trabajo a los indocumentados, afectando mayormente a una población de haitianos que se estima es superior a las 70,000 personas.
Antes de fi n de año comenzará a expulsar a los extranjeros ilegales. No obstante la fi rmeza y el rigor con que aplica este derecho soberano, Bahamas abrirá un plan de regularización para otorgar la nacionalidad a aquellos extranjeros que durante más de veinte años han estado esperando esta concesión.
Bahamas ha tomado estas medidas sin titubear ni permitir narigoneos de grupos y organizaciones foráneas que tratan de infl uir, con campañas sistemáticas, en los modelos de política migratoria que deben asumir otros países, para formatearlos a la medida de sus intereses.
Es lo que le ha pasado a la República Dominicana, que ha sido denunciada como discriminatoria, racista y promotora de la apatridia por grupos internos y foráneos que presionan para que millares de indocumentados haitianos entren sin contratiempos a nuestro territorio, desplacen trabajadores dominicanos, actúen con desafi ante desparpajo frente a las leyes y costumbres nativas y reciban gratis tratamientos de salud y oportunidades de educación.
Y estas presiones prosperan cuando los demás perciben que la República Dominicana, a diferencia de Bahamas, de Cuba, de Francia, del mismo Haití y otras naciones caribeñas, no se da a respetar en materia de cumplimiento de sus leyes migratorias y en la defensa de su soberanía y autodeterminación, a menudo puestas en entredicho por las fuerzas injerencistas enemigas de nuestra nacionalidad.
Tomado del editorial de
Bahamas se da a respetar
de la fecha