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viernes, 22 de septiembre de 2017

Las lecciones que nunca aprendemos

Por más que sepamos, con sufi ciente antelación, las previsibles áreas de impacto de una tormenta o un ciclón y de las necesidades básicas que tienen que ser cubiertas para proteger a la ciudadanía, las fallas siempre afloran en el momento crítico.
Es inexplicable que clínicas, centros primarios u hospitales de una región señalada como probable blanco de las furias de un huracán estén sin energía eléctrica y sin los insumos necesarios para atender a los pacientes, sobre todo a los que acuden en situación de emergencia, en esos momentos.
Pasa lo mismo con los refugios. En ellos escasean los elementos indispensables para albergar, alimentar y satisfacer necesidades básicas de los ciudadanos evacuados de las zonas vulnerables en las que viven.
Otra lección no aprendida es esta: si conocemos la facilidad con que se desbordan diferentes ríos del país cuando los milímetros de lluvias sobrepasan los volúmenes tolerables, ¿por qué se permite la construcción de viviendas u otras infraestructuras en sus orillas, o cerca del mar, como ocurre en distintas zonas costeras? Por esta causa, la historia de las evacuaciones forzadas o voluntarias siempre se repiten ante la llegada de un fenómeno atmosférico peligroso, como una tormenta o un huracán, y lo mismo pasa con las extremas precariedades con que funcionan los centros médicos para atender urgencias.
Eso fue lo que pasó en medio del huracán María en la zona de Verón, en Bávaro, donde dos madres parturientas dieron a luz a sus criaturas sin los médicos contar con los insumos ni la energía eléctrica para asegurar un alumbramiento sin traumas. Con una linterna de pilas, más nada, las doctoras y enfermeras pudieron realizar los partos exitosamente.
Y volvemos a preguntarnos: ¿Por qué esos centros no estaban o no fueron provistos de plantas de emergencia, medicinas e insumos sufi cientes si se sabía, desde hace más de una semana, que el huracán afectaría esa zona? Por estas omisiones, que no se explican ante una eventualidad anunciada y monitoreada, es que tenemos que lamentar a menudo las graves consecuencias que nos dejan las tormentas y huracanes.
Pese a tantas lecciones, nunca las aprendemos.
Tomado del editorial de
Las lecciones que nunca aprendemosdel a fecha