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martes, 8 de agosto de 2017

Corrupción rampante

La escurridiza figura del “hombre del maletín”, y no estamos hablando de visitadores a médicos, se ha hecho familiar e influyente en el sistema de salud repartiendo sus coimas para quebrar los principios éticos de la medicina y hacer millonarios negocios a base de engañar a los pacientes.
 Tanto ha penetrado en ese sistema que lo ha corrompido de arriba a abajo, promoviendo ventas de prótesis de cuestionable calidad, aunque baratas, para aquellos pacientes de las áreas de ortopedia y traumatología, o recomendando fármacos e insumos que supuestamente son eficaces, pero carísimos, en el remedio de distintas enfermedades.
 Tan lucrativo parece ser el campo en que se mueven que no son uno ni dos, sino muchos, los que representan al “hombre del maletín” en este entramado de corrupción en el que se disputan, mediante “incentivos” y “regalos”, en efectivo, a veces en dólares, el tráfico de pacientes de un hospital a una clínica o la venta a sobreprecio de los productos manufacturados o procesados por determinadas empresas.
 Lo que ha denunciado el Listín sobre la realidad de este negocio burdo con la salud del pueblo es apenas una simple partícula de un problema de alta magnitud que por años ha persistido, en gran medida apañado por el silencio cómplice de médicos, administradores y gestores del sistema, que no se atreven a pisarse las mangueras, como manda el código de honor de los bomberos.
 Con esto, magnifican el ejemplo de Los Tres Mosqueteros, en la historia de Alejandro Dumas, que juntos actúan bajo el principio de “uno para todos y todos para uno”, es decir, conocen de las prácticas violatorias a las regulaciones del sistema y perjudiciales para la salud humana, pero las callan o las ocultan.
 Y esto no debe seguir así.
Es momento de que esta corrupción rampante sea ventilada en el escenario que sea, pero mejor en el que pueda asegurar que se adoptará una línea de combate a tales prácticas.
En primera instancia, deben ser el Colegio Médico Dominicano y los funcionarios de la Salud Pública los que, dejando en la mesa las caretas que han impedido desarticular este mercado de pulgas con recetas y prescripciones de medicinas, de terapias, radioterapias, exámenes de laboratorios, cirugías y rebotes de pacientes, agarren el toro por los cuernos.
O puede ser la justicia, que está llamada a investigar desde hoy por qué se ha enraizado este andamiaje de prebendas en desmedro de la confianza que deben proyectar los médicos y el sistema que los regula ante los ciudadanos que acuden a clínicas y hospitales a buscar salud y proteger sus vidas, ajenos a estas triquiñuelas y manipulaciones.
Tomado del editorial de
Corrupción rampante
de la fecha