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miércoles, 30 de agosto de 2017

Bochornosa inequidad

No se justifica, de ninguna manera, que a los dominicanos, y sobre todo a las mujeres parturientas, se les exija seguro de salud o dinero en manos para ser atendidos en hospitales públicos, y a los haitianos, de uno y otro sexo, se les den de gratis esas atenciones.
Aquí se habla ahora de las parturientas haitianas que son traídas a parir por coyotes que se ganan un buen dinero en ese tráfico humano, pero se pasa por alto que iguales privilegios caben para aquellos inmigrantes ilegales del vecino país que son llevados a las emergencias o las consultas de los hospitales públicos y tampoco se les cobra, porque no tienen ni documentos oficiales de identidad ni mucho menos seguros.
El gobierno dominicano, según los cálculos, subsidia con más de 2 mil millones de pesos anuales esas atenciones, mientras a los ciudadanos de este país, que pagan impuestos, que trabajan por su nación, que pagan seguros de salud y de retiro, se les exigen garantías de pagos o coberturas antes de atenderlos en las emergencias o referirlos a internamientos.
Si no andan con dinero o con carné del seguro, los rebotan de hospital en hospital hasta que aparezca un samaritano que los auxilie. Esto no pasa, sin embargo, con los haitianos, por una razón que todavía resulta inexplicable e incomprensible para los dominicanos.
Es ahora, según ha dicho el ministro administrativo de la Presidencia, José Ramón Peralta, que se les cobrarán las atenciones a los pacientes extranjeros, aunque a decir verdad a los únicos extranjeros que no se les cobra son a los haitianos, legales o ilegales, porque no se percibe que tengamos tantos o más indocumentados de otras nacionalidades que aquellos.
Lo cierto es que esta realidad solo proyecta una bochornosa inequidad a la que nunca se le ha querido darle frente y solución desde el Estado mismo, abrumado ahora por las innumerables secuelas de una tolerada infiltración de inmigrantes ilegales haitianos, difíciles de manejar y dominar en el corto, mediano o largo plazo.
Tomado del editorial de
Bochornosa inequidad
de la fecha