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martes, 11 de julio de 2017

Odebrecht es culebrón judicial

La fiscalía general atrapó con una deshilachada red a los presuntos implicados en los sobornos de Odebrecht. Con esa misma, el juez Ortega Polanco  impuso medidas de coerción que no resistió la apelación. Esto no sorprende a nadie. El final de la trama es un cuento de medio uso. Está ganando tiempo a ver qué pasa.
Lo que discurre está más ajado que la crónica de la muerte anunciada. El fiscal Alain Rodriguez se desempeña como personaje de la actuación, a ratos me recuerda al famoso juez de la novela El Padrino quien fingía condenar cuando en realidad descargaba;  y en otro estamos viendo un Procurador que actúa como el Dick Taylor, anfitrión en el Teatro de Zane Gray.
Una serie western sin  protagonista fijo que duró más de una década en el aire.
En justicia lo que valen son las pruebas no las balandronadas tipo Oeste norteamericano. Vocea  “caiga quien caiga”, y  mientras tanto pasan los meses y  nadie ha caído.
Como van las cosas no estaremos diez años buscando los protagonistas de la serie Odebrecht. Esto no llega al próximo año, digan lo que digan los demás. El Estado dominicano está instruyendo cargos por voces foráneas que no aportan pruebas.
La juez Miriam Germán Brito pone el dedo en la llaga cuando dice que este endeble expediente no soportará un juicio de fondo. Tiene suficiente oficio para saber que la red tiene muchos agujeros.
Como está escrito el guión es un final predecible. Si se hace un análisis de los personajes se verá que hay mansos y cimarrones, pero que no hay que contar los protagonistas ausentes  en la trama. Lo útil para estos fines son los que integran el reparto. Este elenco tiene vínculos más allá del partido de gobierno, son políticos y personas vinculas a este oficio en su lado de negocios.
Luego de meses de vaivén en los medios llegamos a los clímax de un juicio ruidoso con amenazas de molinetes, voces destempladas y amagos de rudezas, más falsos que la lucha libre americana. Todas las partes concitadas harán su trabajo escénico. Habrá sudores y desvelos, como en toda obra de teatro. Podrían incluir improvisaciones en los diálogos  y desmayos en el público para atraer la crónica rosa. El cierre será un  descargo por falta de pruebas y quedarán exculpados para siempre.
Por trivial este culebrón no ganará  ni mención  en Acroarte.
Por Alfredo Freites ;-