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lunes, 31 de julio de 2017

Abinader y el obispo

EL OBISPO Y LA FOTO.- Luis Abinader sonó más el pasado fin de semana con una foto tirada aquí, y publicada primeramente en las redes, que como Mariscal del Desfile Dominicano en Nueva York. El hecho parece propio de farándula, de crónica ligera, pero debe considerarse el aspecto político, pues las implicaciones son obvias y varias. La instantánea de por sí daba lugar a controversia, pues Abinader, aunque joven, es un político contenido, poco amigo de los escándalos. Si hubiera sido Hipólito Mejía, nada, ya que para el exmandatario todo es un retozo, un relajo. Vale recordarlo junto al rapero norteamericano Snoop Dogg u observando el perreo de una seguidora.
Abinader es todo lo contrario, y no se le suponen esas libertades.
La foto fue viral, y respecto al excandidato impuso récord, pero no por él o por la compañía, sino por la reacción que provocó en el obispo de Baní, monseñor Víctor Masalles, cuya pastoral corresponde al sur, pero que ejerce en toda la República. Mira que a Abinader le han dicho cosas, pero mojiganga y angurria, nunca. De seguro que ese sermón, en forma de tuit, fue escrito con la Biblia boca abajo o al revés…
GAJES DEL OFICIO.- Lo del presidente Danilo Medina con el padre Benito Cruz Lantigua, en Santiago, puede considerarse gajes del oficio. Las obras del gobierno se inauguran con el clásico corte de cinta del jefe de Estado, el discurso de orden del funcionario correspondiente y la bendición del cura párroco de la comunidad. Unos aprovechan la oportunidad para ensalzar al Dios de la tierra, al César, y otros para denunciar situaciones y reclamar obras. Y ni siquiera por iniciativa propia, sino respondiendo al interés de la localidad. Cruz Lantigua no hizo más que lo justo y --de seguro-- pensando en “si no lo vuelvo a verlo”. En ningún momento hubo estigma y pudo haber pasado como un episodio más si no fuera porque entre la Iglesia y el Palacio Nacional hay diferencias de fondo sobre el tema del aborto…
QUE SE SUPIERA.- Nadie conoce discordia personal entre el excandidato Luis Abinader y el obispo de Baní, Víctor Masalles, pero no hay dudas de que algo huele mal, de que algo no anda bien y de que monseñor lo estaba acechando. La reacción a la foto fue desproporcionada, desconsiderada y de una violencia inusual en el trato de un religioso con un político.
La Iglesia del 60 no descalificó al dictador Trujillo con iguales términos. Escribió Masalles: “Candidato que se presta a esta mojiganga difícil que llegue a presidente”… “No desprecio a la susodicha, pero sí a su angurria política”. Si se acude al Diccionario de la Lengua Española y se busca el significado de las palabras mojiganga y angurria, se tendrá un panorama de desquite. Algo hizo, algo le están cobrando…
LAUTICO, SAVONAROLA.- La reacción del obispo Masalles a la foto, y el consiguiente ataque a Luis Abinader, es un hecho político. No moral. No solo califica el acto de mojiganga, sino que hacer inferencias perversas.
Dice que difícilmente “llegue a ser Presidente”. Abinader no se ha dado cuenta, pero tiene como Juan Bosch en su momento un Láutico García. Ahora tendrá que enfrentar a Hipólito Mejía adentro, y no se sabe a quién afuera, pero en todo caso sí a monseñor Víctor Masalles, actuando a la manera de un Savonarola redivivo. Esto es, el fatídico dominico que denunciaba los pecados de Florencia en los años previos a la aparición de Nicolás Maquiavelo, autor del más importante manual de conducción política. Aunque una interrogante queda en el aire ¿Serán la Iglesia y sus dignatarios tan directos y personales a la hora de enfrentar políticos y candidatos?...
Por Orlando Gil ;-
orlandogil@claro.net.do