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miércoles, 7 de junio de 2017

Extraño equilibrio

Con la capacidad de convencimiento, arrastre y ejecución de Donald Trump, habría que preguntarse por dónde anduviéramos si no estuviera corriendo con la emergencia puesta... Una emergencia a marcha forzada que le imponen, sobre todo, los medios de comunicación que le adversan como el diablo a la cruz y con los que él tampoco le interesa llevarse bien. No es el primero que arrasa en unas elecciones, como tampoco fue el primer candidato y ahora Presidente preventivamente agresivo con los asuntos nacionales, pero nadie supera su fijación con los objetivos.
Cuando hizo saber de sus aspiraciones, comenzaron las burlas y al formalizarla se intensificaron y le activaron la peor oposición política de la historia. Las grandes cadenas televisivas y los periódicos más poderosos le cayeron arriba como jauría hambrienta... Y a todos los venció “uno por uno como caballeros, o a todos juntos como malandrines”. La prensa, sin embargo, encontró en su campaña --tipo reality show--, la vía propicia para aumentar su audiencia. Cuando los demás candidatos vieron que se estaba convirtiendo en un aluvión humano, expresaron su inconformidad porque los ponía en desventaja. En medio de la maledicencia, ganó la nominación republicana por abandono de los otros aspirantes a mitad del camino. Seis meses antes de las votaciones, estuvo por debajo de Hillary Clinton en las encuestas por 25 puntos, y faltando 3 días para las elecciones se situó a 1.7 puntos. El resto es historia conocida...
Y sus aportes... ¿qué?
Sin ser un científico social, Trump puso sobre la mesa varios temas nuevos u olvidados. Evidenció que los grupos sociales más vulnerables de los Estados Unidos ya no son los negros ni los latinos sino los blancos de la “América Profunda”, descuartizó el mito de que USA se aprovecha del resto del mundo y que no hay tal estructura de intereses que condicionen sus medidas. Pudo activar su programa político a menos de 100 días de estar en la Casa Blanca, exceptuando la mudanza de la embajada estadounidense en Tel Aviv a Jerusalén; logró la primera aprobación para su programa sanitario en 120 días mientras que Obama, con todo su carisma, lo consiguió en dos años y la vigencia en cuatro años. Simultáneamente, reestableció la confianza con Israel y abrió una esperanza para el acuerdo de paz con Palestina.
En su viaje a Arabia Saudita aglutinó a 50 mandatarios árabes en contra del terrorismo de Irán. De paso, Melania Trump aprovechó el viaje para superar la prueba de primera dama. Como Trump no fue tratado a patadas, no han faltado comentarios comparando la bienvenida que le dispensaron con un acto de idolatría. Llegó a Europa con su mismo programa electoral: Cobrándole a la OTAN, protestando por el enorme superávit comercial de Alemania y demarcándose del pacto del cambio climático de París...
... Todos a cumplir, a pagar
El retraso de las naciones de la OTAN con sus cuotas no es nuevo. Ya Obama y uno de sus secretarios de Defensa lo habían señalado. La diferencia está en la determinación de Trump en hacerlos cumplir con sus compromisos. Ángela Merkel quedó tocada calificando los encuentros con Trump de insatisfactorios y hasta riesgosos para el Viejo Continente si sus países no se unen para forjarse su propio destino. Pero la verdad es que su enojo fue originado por las gestiones de cobro, el cuestionamiento de los grandes saldos de intercambio de Alemania y el regreso de USA a la primera línea de la agenda mundial. El resto ha sido la reiterada crítica de la prensa por su comportamiento calificado de hosco, pero que se inscribe en su tradicional comportamiento, tanto dentro como fuera del foco público porque es un político “sin fingimiento”, como dice El Roedor...
Por César Medina ;-
lobarnechea1@hotmail.com