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martes, 6 de junio de 2017

El eje central

La admisión del pago de sobornos para la obtención de obras es lo que le da categoría de caso al expediente de la multinacional brasileña Odebrecht que se conoce en nuestros tribunales y por el cual hay 14 encartados y 10 detenidos.
Y aunque en la acusación base que sustenta el pedido de coerción de la Procuraduría General de la República se imputan otros tipos de penales como el lavado de activos, la asociación de malhechores, falsedad en la Declaración Jurada de bienes  y el enriquecimiento ilícito, el punto nodal es la violación a la Ley 448-06 sobre Soborno en el Comercio y la Inversión.
Una realidad que pone al empresario Ángel Rondón como el eje central de la trama ya que fue a él (que sabe por dónde es que se le mete el agua al coco) a quien Odebrecht buscó como representante para que diligenciara lo que hubiese que diligenciar e hiciera lo que se tuviera que hacer y por lo que la constructora asegura que le pagó 92 millones de dólares, aunque él dice que fueron muchos más. Así las cosas y pese a las debilidades técnicas y al manejo precipitado con que el Ministerio Público ha conducido el expediente obligando al juez especial de la Instrucción a tener que extender por varios días el conocimiento de una medida que en situaciones procedimentalmente adecuadas hubiese solo sido de horas, las cosas lucen claras en cuanto a quien admite que dio y quien admite que recibió. El lío es establecer en virtud a presupuestos probatorios y apego al proceso, la certeza entre lo que la constructora califica como soborno y que Rondón define como servicios y gestiones profesionales. O determinar en qué consistían esas “diligencias”; en cuales despachos se hicieron, desde cuando se hacían y cuáles eran (o a cuanto ascendían) las “herramientas” de convencimiento. Respuestas que solo las puede responder Rondón y que nos conducirían hasta las personas involucradas ya que él es que sabe lo que se hizo y con quien se hizo. Porque al margen de la audaz y temeraria proclama del Procurador de que en el expediente estaban todos los que eran y eran todos los que estaban, lo cierto es que en ese grupo de imputados hay gente que no debería estar ahí y faltan otros que sí tienen que ser procesados. Un escenario que debe imponer mayores exigencias de protección para él.
Por César Duvernay ;-