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viernes, 5 de mayo de 2017

Los verdes tendrán que caminar más

SE REPITE.- Cada vez que Joao Santana diga que Odebrecht no financió la campaña de Danilo Medina, los Verde tendrán que caminar más kilómetros. No bastará con verle crecer la nariz como Pinocho o esperar que otras instancias (norteamericana o brasileña) hagan la revelación del siglo. La gente no lo advierte, pero existe un afán por complicar las cosas, y las cosas cuando se complican, resultan contrarias al designio. En principio era conocer los nombres de los sobornados, y sabidos, proceder en justicia.
Contra la corrupción y la impunidad era la consigna. Caerían los que tendrían que caer, pero no sería suficiente consecuencia. El gobierno, si era el gobierno, o el partido, si era partido, no se la jugarían por nadie. Por muy encumbrado que estuviera. Era el clásico cabeza de turco, el chivo expiatorio, el pato al agua. La administración, librada de ese peso, seguiría tan campante como el escocés...
SALÍA GANANDO.- Así quedaba bien el gobierno, pues no se permitió complicidad, y se realizaba con su discurso equívoco. No tirar piedras hacia atrás y enaltecer la ética. Las piedras serían el reclamo de la sociedad y la acción de fiscales y jueces, y el gobierno solo dejaría hacer, dejaría pasar. Liberalismo moral. Pero cuando voltearon el cañón y este  empezó a disparar en su contra, el ánimo cambió. La petición de renuncia primero y el forzamiento después enrareció el panorama, y ahora se advierte una situación de riesgo, de peligro. Ningún gobierno en su sano juicio afila cuchilla para su garganta, y ese es el sentimiento de los funcionarios, pues todos se ponen en fila para denunciar lo obvio. Que en el movimiento Verde hay mansos y cimarrones, y que los objetivos de los segundos importan más que de los primeros...
EL ESPAÑOLITO.- Se pensaba que los brasileños seguían al frente de la estrategia del gobierno, pero parece que no, y en caso que sí, la emergencia hizo necesario un reforzamiento. Si fuera por el gobierno hubiera mantenido su actitud de ver bajo techo la lluvia caer sin  salir al descampado, ni mojarse y tampoco resfriarse. Sin embargo, un españolito analizó la situación desde una perspectiva diferente y llegó a la conclusión que el gobierno se estaba dejando ganar la partida, que estaba perdiendo la batalla 10 a 1, y que convenía dar un giro. No de noventa grado, porque noventa grado no es girar, sino moverse. Tampoco de de ciento ochenta. De trescientos sesenta. El gobierno no quiso ir a extremo y solo rodó setenta grados. En ese setenta grado estuvo la comparecencia del ministro de Interior y Policía, en cuyas manos descansa la  seguridad del Estado...
LA FÁBULA.- Cuenta Esopo que en una reunión de funcionarios del gobierno con el estratega español, después que este dio su diagnóstico, todos los ojos se posaron en Carlos Amarante Baret. El ministro de Interior y Policía se sintió presionado y culpable. Y era verdad. Un funcionario tan locuaz cuando estuvo en Educación, dando discursos como una máquina, dejó que los ratones le comieran la lengua, perdió el don de la palabra, y dejaba que la conspiración de la calle hiciera y deshiciera. Solo que se pasó. Habló en una tarima de los Verde, se metió en la boca del león, y de un león con hambre. Salió vivo de chepa, y él creía que se la había comido, hasta que las redes se dedicaron a zaherirlo, y se produjo la llamada. ¡Qué llamada! La gente suya llamó al 911 ¿911? Esa no era una situación de 911. Dicen los malos que el mocano nació ese día, y que los servicios prestados lo salvaron de la ira...
Por Orlando Gil ;-
orlandogil@claro.net.do