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miércoles, 3 de mayo de 2017

¡Deprimente y siniestra!

Antes de Semana Santa empezamos a ver la serie de Netflix “13 Reasons Why” (Trece Razones de Por qué), más por establecer un juicio analítico que por interés real.
Se trataba de una adolescente de 17 años “Hannah Baker” que luego de una serie de “bullying” y acosos en la escuela preparatoria, decide suicidarse y deja como testimonio de sus razones, 7 cintas de casette donde culpa a los trece jóvenes de su entorno estudiantil la causa de tan funesta decisión.
Estas cintas, en una caja de zapatos la encomienda a su mejor amigo para que las hiciera ir pasando de un estudiante a otro; a los trece culpables, conscientes o inconscientes, de su fatal desenlace.
Desde el punto de vista cinematográfico la serie está excelentemente bien llevada, pero es el prototipo de las herramientas y la tecnología hollywoodense al servicio de lo siniestro, negativo y alienante.
Durante los 13 capítulos, la serie nos mantiene en un estado agónico, con un cuchillo en nuestra garganta; ya sea por la lástima que nos evoca la infeliz Hannah o por la ira que nos provoca la actitud de muchos de sus asesinos virtuales. Absolutamente ninguna emoción ni estado anímico positivo y confortable es transmitido a lo largo de toda la serie. El lector se preguntará; ¿Necesariamente un film debe transmitir confort y alegría? No, claro que no, pero sí debe contener al exponer una realidad dolorosa, como es en este caso el acoso estudiantil, una enseñanza positiva, una solución, un valor didáctico aleccionador, que justifique el proceso tortuoso o doloroso de la prosecución de la trama. Nada de esto ocurre en “13 Reasons Why”; muy por el contrario, es una serie que promueve la traición, el engaño, la enemistad, el estímulo y realce de los valores más bajos de la condición humana, o más peligroso aún, el repudio a la vida.
El grupo de amigos repiten como lema, con las manos de todos juntas al centro: ¡“F**k with my life”! (“¡Al diablo con mi vida!”- (por ser eufemistas), simbolizando un desprecio absoluto por el valor de la vida y sus avatares.
Dudábamos si escribir unas líneas sobre la serie, pues basta para que se propague que no debe verse, para que el ser humano sienta su morbo estimulado y sea incitado a experimentarla, pero el titular del domingo 30 pasado del Listín Diario; “Niña intenta suicidarse tras ver 13 Razones..”, nos estimuló a éste corto llamado de alerta.
No entendemos cómo algunas asociaciones de psicólogos de Estados Unidos recomiendan que la serie sea vista con un adulto. La serie es nociva para adultos y jóvenes... Bajo el parangón de plantear una realidad existente en las escuelas, no solo plantea la solución del suicidio como una alternativa, sino que estimula subliminalmente la desesperanza y el pesimismo ante un conflicto psicológico donde la autoestima se ve reducida a cenizas; promueve la ideación y la fabulación como opuesta al conocimiento y el raciocinio (más de una vez se dice la frase: “¿No crees que el Conocimiento esta sobrevaluado?”). Las autoridades y los estudiantes comienzan una tímida campaña donde se leen pancartas y posters de que “El suicidio no es la solución”, sin embargo a los pocos capítulos, con elementos supuestamente válidos un adolescente del grupo hace trizas los posters y banners gritando a otro compañero que sí, que “¡el suicidio sí es la solución!”.
La serie muestra que los orientadores y psicólogos escolares son una basura, pues no resuelven nada y de nada vale acudir a ellos, es decir, te plantea y te expone que ante los conflictos del adolescente solo tienes una sola compañía: LA SOLEDAD (mayúsculas!).
La técnica siniestra y maligna es llevar al joven espectador a una situación común que muy de seguro el 80% de la población estudiantil la experimenta, luego en una segunda fase de la programada trama malévola del equipo productor, ata la situación anterior a otra más aguda que la anterior, la duda de la real amistad de quienes considera amigos, y siembra la semilla de la suspicacia en el espectador. Y así, a medida que avanza el desarrollo de la temática, el/la joven va sufriendo inconscientemente un proceso de “identificación” cada vez más intenso y profundo con Hannah Baker, hasta caer en una depresión, soledad y desesperación tal que, si tiene una estructura mental débil podría obtemperar por aquel “al diablo con mi vida” y disponer de ella.
En resumidas; nuestro humilde consejo es que nada positivo ni provechoso provee esta funesta serie, que promueve la traición, la decepción, la desconfianza, sumerge la autoestima a niveles subterráneos, y atenta contra las buenas normas morales, las rectas relaciones humanas y la bondad, en momentos en que el mundo más que nunca requiere amor, confianza, valor, serenidad y solidaridad entre la familia humana.
Por Miguel Antonio Fiallo Ch. ;-