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miércoles, 17 de mayo de 2017

Asesinatos e impunidad

Periodistas mexicanos cubren su boca con cinta
para manifestar su rechazo por el asesinato de
comunicadores en los últimos meses, en Ensenada.
Una periodista es acribillada mientras lleva a su hijo a la escuela. Hombres armados disparan a otro tumbado en una hamaca mientras le lavan el coche. Un premiado reportero es sacado de su vehículo a mediodía y recibe doce balazos a unas calles de su oficina.
Javier Valdez se convirtió el lunes en el sexto periodista asesinado desde primeros de marzo, algo inusual incluso en un país que se sitúa solo detrás de Siria y Afganistán en crímenes contra la prensa. Nada vincula directamente esos seis homicidios pero en conjunto son la constatación de que la impunidad que existe en México amenaza la vida y el trabajo de la prensa.
“Hoy nos pegaron en el corazón”, tituló Ríodoce, el semanario que el reconocido periodista contribuyó a fundar hace 14 años. “Es un golpe demoledor”, añadía su editorial.
“México se ha vuelto más peligroso”, indica el analista Alejandro Hope. Por un lado, los asesinatos en general aumentaron en 2016 y en el primer trimestre de 2017 volvieron a hacerlo: un 29% con respecto al mismo periodo del año anterior. Por otro, crece la tensión político-electoral, los escándalos de corrupción se multiplican y la guerra contra el narco de más de una década está lejos de ganarse. “Hay mucha tensión y la gente que cubre todo esto se arriesga mucho más”, añade Hope. Valdez, 50 años recién cumplidos, era uno de ellos. En su columna “Mala Yerba” narraba literariamente y sin nombres propios, historias que él conocía o le contaban. La última se tituló “El Licenciado”.