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lunes, 10 de abril de 2017

¡… Qué partidocracia!

Nada evidencia mejor la irresponsabilidad proverbial de esta partidocracia que su desidia para aprobar la Ley de Partidos Políticos y la de Reformas a la Ley Electoral… Ambas llevan más de quince años natagueando en el Congreso mientras el liderazgo engaña al país y el sistema democrático se deteriora con un cáncer que hace metástasis en el tejido social dominicano.
Desde que el Congreso tiene esos proyectos en carpeta, el PRD se ha dividido varias veces engendrando otros tres o cuatro partidos, y si bien son diversas las causas de cada una de esas crisis porque el PRD lleva el síndrome de la división en su ADN, no es menos cierto que muchas dificultades se hubieran evitado con un marco regulatorio como el que se propone en la Ley de Partidos.
Lo mismo cabe para los reformistas, que desde la muerte de Joaquín Balaguer no han acudido unidos a una sola elección porque algún sector de ese partido siempre se va con una opción electoral diferente a la institucional, y aunque en gran medida el devenir del PRSC es consecuencia de un liderazgo que se acomoda al poder y sucumbe a las tentaciones mercuriales, de haber existido un marco regulatorio efectivo esas clases dirigenciales habrían tenido que dar paso a un relevo generacional con otras ideas y conceptos del buen ejercicio político.
Los peledeistas se han salvado del germen del fraccionamiento que no de la división, porque están en el poder. Pero hasta su rancio liderazgo admite que ese partido perdió la capacidad de administrar hasta sus propios procesos internos. Anquilosados y rumbo a convertirse en una gerontocracia, sus organismos incluso el otrora omnisciente Comité Político, han devenido en disfuncionales y la organización luce como los intestinos de un organismo en grave estado de constipación.
Mientras, el chiquitísimo partidario cada día se confirma como una conflagración de negocios familiares o de único dueño, casi siempre carente de base social. La mayoría se mantienen como lapa adheridos a la ubre gubernamental o esperando al mejor postor para pegarse de una teta lactando.
Un coctel que sumado a un régimen electoral poroso donde la Junta Central Electoral opera casi como testigo de piedra ante los desmanes en que incurren partidos y candidatos en aspectos esenciales como el gasto o los tiempos de campaña, nos han conducido a un modelo que tiene más de plutocracia que de democracia liberal.
El país marcha por derroteros que lo conducirán a que en poco tiempo el Congreso y las salas capitulares estarán dominadas por lavadores de activos y narcotraficante, o por cabilderos tomadores de coimas al peor estilo de Odebrecht.
Aunque no quieran entenderlo los morados, los blancos, los colorados o los verdes de reciente aparición, el embrión de la corrupción se encuentra en el modelo del ejercicio político que tenemos en la República Dominicana, y hasta que no entendamos el problema no importarán marchas, purgas o presos… Porque el cáncer persistirá y seguirá expandiéndose hasta acabar con todo el tejido social dominicano.
La actual coyuntura se presenta como una de las ultimas oportunidades de corregir el problema estructural de la política y la partidocracia dominicana… O actuamos ahora o habrá que prepararse para cualquier aventura política de esas que surgen como hierba mala… Y no solo en países en vías de desarrollo, porque ya hasta las superpotencias sucumben ante el populismo en esta Era de la Post Verdad.
Por eso el liderazgo peledeista no debe ceder a la necedad de segmentos oposicionistas que se oponen aunque hipócritamente dicen que la apoyan--, a ley de partidos y a cualquier reforma electoral… A esa gente no les interesa que les regulen y mucho menos arriesgarse a perder el control sobre los fondos que reciben del Estado.
Por eso boicotearon y se retiraron del dialogo convocado por el Presidente Medina al concluir el pasado proceso electoral … Y por esa razón es que ahora piden retornar a esa Torre de Babel, precisamente cuando se están dando las condiciones para que de una vez por todas se aprueben las dichosas leyes.
Si quieren consenso que vayan al Congreso que es la única instancia valida para que todos los sectores y actores políticos interesados en este asunto aporten sus ideas… Pretender detener el proceso con la retórica de un supuesto consenso no es más que otro intento de sabotear la reforma al sistema electoral… …Y como dijo Reinaldo Pared: “Quieren poner al Congreso de mojiganga”… ¡Pero es del país que se están burlando!
Por Oscar Medina ;-