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sábado, 22 de abril de 2017

Estados Unidos y la apuesta al caos

El desplome de los precios en el barril del petróleo de más de 100 dólares el barril a menos de 30, significaba para el país andino una caída en las divisas que, como consecuencia traía desabastecimiento, dificultades en el financiamiento a las políticas sociales y los planes solidarios mantenidos en el ámbito internacional.
El objetivo parecía logrado, pero el Temer venezolano no ha aparecido por lo que apuestan a las calles, la violencia y a la mismísima OEA que legitimó la intervención militar estadounidenses en República Dominicana para impedir el retorno de Juan Bosch, electo democráticamente por el pueblo con más del 60 por ciento de los votos y derrocado a los 7 meses por los Estados Unidos y la complicidad de esta entidad.
A esa OEA, la que actuó en complicidad, desde su creación, con los Estados Unidos para silenciar la violación a los derechos fundamentales de los ciudadanos de toda América Latina, bajo el signo de un panamericanismo que sentó sus bases en el eslogan de la Doctrina Monroe “América para los americanos”, en el que el gentilicio solo era válido para los estadounidenses, en franco lenguaje de dominación que no disimula el objetivo de ser dueños y señores del resto del continente.
Esa OEA que retoma su rol de instrumento del Departamento de Estado para evitar el latinoamericanismo, como concepto que arropa la unidad de los pueblos de América Latina sin el tutelaje del que siempre se creyó el hermano mayor con el derecho a la herencia que la naturaleza regaló al resto. Los hilos de las manos que mueven a Latinoamérica hacia el caos se extienden hasta Ecuador, en el que pretendieron aplicar el método Argentina: desestabilizar desde un gobierno surgido de las urnas, tras dividir internamente a las fuerzas progresistas.
Pero no les fue posible porque Alianza País derrotó el retroceso. No conformes, se comienzan a tomar las calles y amenazan con incendiar a Quito, porque la lógica es alcanzar el poder a como dé lugar para debilitar las instituciones democráticas y entregar el patrimonio nacional a los de “la Mano que mece la cuna”.
Bolivia es también un blanco. Allí las organizaciones no gubernamentales financiadas por la Usaid, mantienen en constante asedio al gobierno de Evo Morales, quien ha denunciado la participación de esta entidad estadounidense  en los planes sediciosos en contra del gobierno electo de forma abrumadora por el pueblo boliviano.
Apostar al caos, es apostar al quiebre de las instituciones regionales como el SICA (de ahí la presencia de la Cicig, en Guatemala y su pretendida expansión a toda Centroamérica), Unasur, Mercosur, Celac; en fin, detener el proceso de unidad latinoamericana, detener su pujanza, su marcha hacia procesos de independencia auténticos, no formales. Pero esta es una batalla que aún no ganan los titiriteros, es una lucha en la que se conjugan factores regionales y extraregionales determinantes en la recomposición geopolítica global que marcha por las inescrutables rutas de las fuerzas sociales que sirven de motor a la Historia.
Por Manolo Pichardo ;-